Eliminar la violencia es tarea de todos, todas y todes pues mientras el pensamiento y capacidad de la mujer sea considerado como una cosa inferior – en la ciencia, el trabajo, la política y en la vida cotidiana – se producirá violencia simbólica, que genera explicaciones para las agresiones en sociedades que se han acostumbrado a naturalizar la violencia

Por Ana María Nolasco

El trabajo para las mujeres se reviste de características particulares además de dificultades desde la incursión en trabajos asalariados fuera de sus casas, para entender esto en toda su complejidad no debemos olvidar como se dio la división de tareas entre hombre y mujer, una división sexual del trabajo que origina las dificultades que enfrentan las mujeres en el ámbito laboral y la violencia intrínseca que esto conlleva.

La primera razón de que los hombres hagan unas actividades y las mujeres otras es la lucha por la supervivencia (la mujer es quien pare, amamanta y cuida los hijos y el hombre se dedica a casa). El hombre se especializa en unas cosas y las mujeres en otras, atendiendo a las características físicas basadas en la fuerza y la capacidad de reproducción. El trabajo de reproducción es continuo.

Al disponer, los hombres, de más tiempo libre, hace que se especialicen en mejorar utensilios de caza, en la defensa (institución militar) Y en la institución política. Este control les hace tener poder sobre las actividades de las mujeres y sus vidas en la sociedad, las decisiones son entonces tomadas por los hombres, quienes detentan el poder, así nace la Sociedad Patriarcal.

Las mujeres siempre han trabajado y mucho, pero sus actividades no son valoradas. El trabajo y el origen de sus derechos se dan con la revolución industrial donde mujeres y niños son explotados sin considerarlos en sí mismos fuerza de trabajo.

Es con la revolución industrial, donde además de trabajar en las fábricas será las mujeres las que tendrán que hacerse cargo de restituir a sus maridos de forma gratuita, hasta los años 40, en que se establecerá de forma obligatoria las cotizaciones a la Seguridad Social.

El trabajo remunerado es pensado y organizado para los hombres de acuerdo con la división patriarcal. Ante esto la incorporación de la mujer al trabajo productivo no siempre estado bien visto, no sólo por los empresarios, Sino también por los trabajadores varones, la sociedad atiende al estereotipo de la división sexual del trabajo, la mujer al ámbito privado y el hombre al público, las mujeres que se incorporan al trabajo asalariado y invaden el ámbito del hombre y ante esa consideración surge la violencia en el trabajo.

En cuanto a los empresarios consideran el despido de alguna persona de la empresa u organización, han existido algunos “acuerdos” informales para que sean primero las mujeres quienes salgan, considerando por estereotipos que la mujer no mantiene un hogar sino “sólo ayuda”, por lo que además no amerita mejores sueldos.

Asimismo ante la posibilidad de promocionarse en la empresa o la organización, se pone en duda la capacidad del trabajo de las mujeres. ¿será capaz de mandar la mujer como mandan los hombres?. ¿tendrá inteligencia y conocimientos para ser jefa o líder? Y entonces nuevamente se descalifican su capacidad señalando cualquier logro o ascenso a malas artes o “porque tiene vínculos personales con el jefe”.  Hay una actitud generalizada de comprensión ante las peores condiciones de trabajo y violencia que tienen las mujeres, al no considerar sus particulares necesidades y considerarlos “natural”.

La vigencia de la sociedad patriarcal quedó reforzada con el sistema capitalista. En el sistema del trabajo productivo de las mujeres se caracteriza por:

a) Provisionalidad: desisten “voluntariamente” del trabajo antes que los hombres, siempre preferida la familia y por ello no son confiables.

b) subsidiariedad:  las mujeres tienen menos categorías laborales y menores ingresos por el mismo trabajo que los hombres, ya que sólo “ayudan”.

c) subordinación: la importancia del trabajo de la mujer queda subordinada al trabajo del marido.

Los prejuicios sobre la participación de las mujeres en el trabajo remunerado se ven complicados por la situación del poder, todavía existen muchos hombres que no aceptan estar bajo las órdenes de una mujer, asimismo, este afán de poder lleva a que se den casos de acoso y hostigamiento sexual; y son también los prejuicios que llevan a grupos de hombres y mujeres a ejercer moobing contra mujeres en el ámbito laboral.

La discriminación se hace presente en actividades, promociones, permisos, descalificaciones y críticas que generar un ambiente hostil que afecta el ambiente laboral, y para quien sufre la violencia tiene efectos nocivos sobre la salud.

Eliminar la violencia es tarea de todos, todas y todes pues mientras el pensamiento y capacidad de la mujer sea considerado como una cosa inferior – en la ciencia, el trabajo, la política y en la vida cotidiana – se producirá violencia simbólica, que genera explicaciones para las agresiones en sociedades que se han acostumbrado a naturalizar la violencia. Además, se pierde una gran oportunidad de conocer a un periodo histórico y combatir lo que es desigual.

Convencida de que lo social es construcción, es fundamental para la producción de sociedades más igualitarias cuestionar, vicivilizar y cambiar, es decir, no ejercer violencia, no permitir la violencia y denunciar cuando se es testigo de cualquier caso de violencia hacia una mujer.

El trabajo digno y libre de violencia es  un derecho propio natural de las mujeres.

El Texto original se publicó en Violetas del Anáhuac, suplemento del semanario Unión del STUNAM , números 2 y 3, aó 1, 20 febrero de 2020

  • Texto publicado con permiso de la autora. 

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