Por: Pedro Miguel Funes Díaz

19.07.2022

Han existido y todavía existen formas intolerables de trabajo infantil. Estas, en cuanto exigen del niño esfuerzos para los que no se encuentra preparado ya sea física o mentalmente, son verdadera violencia porque destruyen su ser e imposibilitan su desarrollo como personas.

El problema tiene una dimensión política, porque es responsabilidad de las autoridades evitar este tipo de abusos, una dimensión económica como elemento irregular involucrado en la producción de ciertos bienes, una jurídica, porque las leyes deben proteger la dignidad humana de los niños. Sin embargo, la principal dimensión del problema es de orden moral porque, como en muchos casos, la cuestión de fondo corresponde a las decisiones humanas ante el bien y el mal.

En el siglo XIX ya advertía el papa León XIII “En cuanto a los niños, se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo, a su inteligencia y a su alma. Puesto que la actividad precoz agosta, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia, con lo que la constitución de la niñez vendría a destruirse por completo”.

Son tres elementos que deben tenerse en cuenta: el cuerpo, la inteligencia y el alma. Es obvio que los niños no han desarrollado suficientemente su cuerpo y muchos trabajos representan un riesgo para su desarrollo. La comprensión gradual del mundo acompaña el crecimiento de las personas y un niño sometido a actividades que lo agotan y rebasan el nivel que puede comprender, le impide formarse una visión adecuada de las cosas. El alma necesita también un desarrollo, una suerte de crecimiento en la virtud, que no se puede lograr si el niño se encuentra atrapado en necesidades que a él no corresponde resolver.

Según datos del INEGI, por desgracia en México trabajan 3.3 millones de niños, niñas y adolescentes. Más la mitad de ellos se hallan ocupados en actividades agrícolas (31.6 por ciento) y de la construcción, minería e industria (24.5 por ciento). Otras áreas importantes corresponden al comercio (14 por ciento) y al comercio ambulante (7.9 por ciento). En este problema, en Latinoamérica nuestro país solo se encuentra por debajo de Brasil. Si bien las autoridades tendrían que dar prioridad a la solución esta situación, es claro que en la sociedad todos debemos esforzarnos por cambiar esta realidad, y un primer paso es ser conscientes de su existencia.

Información publicada en: https://www.milenio.com/opinion/pedro-miguel-funes-diaz/vision-social/trabajo-infantil

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