Repartidores de plataformas digitales viven en el desamparo


El boom de las aplicaciones digitales dedicadas a repartir bienes trajeron consigo nuevas oportunidades laborales, sin embargo, ante su falta de regulación, los empleos que ofrecen están caracterizados por los malos salarios y la falta de prestaciones

Ernesto Santillán

27 de Feb, 2023

El trabajo como repartidor para plataformas digitales como Uber o Rappi, profesión que hace años llegó como una oportunidad para miles de personas en busca de un empleo digno, se convirtió en sinónimo de abuso y precaridad laboral.

Así lo demuestra el reporte de Oxfam México “Este futuro no applica”, que revela las condiciones que enfrentan diriamente, pues a pesar de las promesas de flexibilidad, se trata de un trabajo con bajos ingresos, largas jornadas y sin protección social.

Actualmente, cifras de la organización internacional en contra de la desigualdad estiman que en México hay 350 mil personas repartidoras y, sólo en la Zona Metropolitana del Valle de México, casi 2 millones de personas realizaron al menos una compra de alimentos o bebidas por internet en 2021.

Si suponemos que todas las compras han sido entregadas por personas repartidoras, en el país existe 1 persona repartidora por cada 60 consumidoras, dice la investigación.

A pesar de esto y de su constante presencia en la vía pública, sus condiciones de trabajo son poco conocidas.

Ingresos por debajo del mínimo, sin seguro médico, pagando sus propias herramientas de trabajo y más. Un reporte advierte que aunque la entrega de comida por apps genera millones de dólares en el país, entre los repartidores persiste la precariedad. 

Los abusos

De acuerdo con el reporte “Este futuro no applica”, quienes se dedican a repartir bienes ganan en promedio 2 mil 085 pesos por semana.

“Tomando como referencia la línea de pobreza por ingresos mensual para agosto de 2021 de CONEVAL, si la única fuente de ingreso de estas personas proviniera de este trabajo, el 55 por ciento de las personas encuestadas para el reporte de Oxfam México no contaría con los ingresos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de ellas y sus dependientes”, se lee en la investigación.

Respecto al tiempo que laboran, Oxfam explica que las empresas de la “gig economy” prometen que las y los repartidores tendrán la libertad de decidir cuándo y cuánto trabajar, pero no dicen que para ganar un ingreso que permita subsistir, se requieren muchas horas.

“En la práctica, las y los repartidores trabajan una mediana de 6 días y 40 horas a la semana, lo que implica que el trabajo en estas plataformas no es realmente compatible con otras actividades que demandan mucho tiempo, como los estudios.

“Por otro lado, personas repartidoras refirieron que aunque pueden conectarse el tiempo que quieran, si no se mantienen en línea entre 6 y 8 horas al día, no les caen pedidos”

En lo que respecta a protección social y herramientas de trabajo, las cosas tampoco pintan bien para las personas repartidoras en México.

De acuerdo con Oxfam, estos trabajadores no están afiliados a ningún servicio de salud pública, deben pagar su propio seguro de gastos médicos, seguro de auto o moto (si aplica) y sus impuestos (lo que frecuentemente exige el pago de honorarios de contaduría).

Además, el reporte “Este futuro no applica”, acusa que las empresas no les proporcionan herramientas de trabajo, de modo que son las y los repartidores quienes cubren el costo y mantenimiento del vehículo (moto o bicicleta), mochila, celular y paquetes de datos para tener conexión a internet.

Contra corriente

Otras condiciones adversas que enfrentan quienes trabajan para aplicaciones, revela Oxfam México, son las fuertes lluvias que suelen generar inundaciones y empeoran el tránsito; los asaltos en los que pueden quitarles sus herramientas de trabajo; los accidentes provocados por automovilistas que no respetan el reglamento, así como las malas condiciones de las vialidades.

Aunado a esto también viven problemas de discriminación por parte del personal de los restaurantes, agentes de seguridad privada en las plazas comerciales o los condominios y de la clientela.

En el caso de las repartidoras, se suma el acoso callejero que las orilla a restringir sus horarios y lugares de trabajo, llevar consigo gas pimienta o ir acompañadas de otra persona.

“El acoso sexual no solo sucede en la vía pública, algunas mujeres entrevistadas describieron casos en los que los clientes las recibieron en ropa interior, desnudos o con el pene expuesto”, revela el reporte.

“Es extremadamente importante visibilizar esta situación y mejorar el modelo de trabajo de las plataformas, pero también el sistema laboral y de acceso a derechos de nuestro país.

“Las empresas, las autoridades y la sociedad en general deben impulsar una agenda universal de protección social que permita, por un lado, mantener la flexibilidad laboral deseada por las y los repartidores y, por el otro, garantizar los derechos sin distinción”, dice Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México.

Ernesto Santillán

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