Por Manuel Fuentes

Escrito en OPINIÓN el 12/9/2023 · 

Decía el escritor portugués José Saramago: ¿Y si la muerte no lograra matar?  Algo así es lo que ocurre con los y las abogadas laborales. La reforma del trabajo pretende extinguirlos, pero no mueren por más que se les quiera desaparecer.

En los procesos obligatorios conciliatorios se les quiso borrar de todas las formas posibles para que no estropearan la reforma laboral calculando correctamente las indemnizaciones de los trabajadores y, así, con engaños, los patrones los forzaran a recibir migajas y se lograra festejar el éxito de la llamada conciliación

Por todos lados daban la indicación de no dejar entrar a los asesores jurídicos de los trabajadores, pero sí a los abogados patronales. ¿Por qué será? Los pocos que logran ingresar son callados precipitadamente por los conciliadores. Y no olvidemos que, bajo el pretexto del “covid-19”, era mejor dejarlos fuera. 

Ahora no sólo son abogados, también tienen que ser expertos en informática. No tuvieron únicamente que aprender un nuevo procedimiento; además le explicaron a sus representados por qué no hay un acuse de recibido con sello. 

Los procesos laborales cambiaron, se volvieron impersonales para que las relaciones con la autoridad sean a través de una computadora con internet o, como dicen ahora: por medio de la plataforma, con todas las condiciones que imponga. Una burocracia digital, que se viste como nueva, pero que camina como vieja.

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En el ámbito colectivo, primero para legitimar contratos, los abogados tuvieron que pasar los padrones sindicales a eso que llaman Excel. Y, ¿por qué? Porque así debe ser. 

Ahora, en la reluciente plataforma del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, para el resto de los trámites sindicales o contractuales, se les exige dividir el listado de trabajadores por “Nombre, Primer y Segundo Apellido”, y luego esperar y esperar a que se “suba” la información. Seguro sólo es mala suerte cuando se queda pasmada la página o aparece la leyenda: “¡Sitio Web en Mantenimiento!” 

Ahora los abogados laboralistas que se extinguen se convierten en “abogados-silla”, por todas las horas que deben pasar frente a la computadora para realizar los trámites y atender los requerimientos del Centro Federal, a veces incomprensibles. ¿Y por qué no? También es frustrante que las resoluciones sean negativas sólo porque la flamante plataforma no carga todos los archivos.

Aunque parezca increíble, a pesar de todos los avances de digitalización, dependiendo del dictaminador asignado, se tiene una respuesta diferente a cada petición de un mismo supuesto; y los tiempos de espera rebasan las semanas (no como indica la ley). 

Ahora, por todas partes escucho las quejas del enorme retraso en las respuestas del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral para entregar las Constancias de Representatividad, que sirven para iniciar la negociación de un contrato colectivo de trabajo. En su intención duerme el sueño de los justos.

La pretensión de extinguir a los y las abogadas laborales ha traído como consecuencia que, lograr obtener un contrato colectivo nuevo, sea un largo peregrinar. Son obstáculos parecidos a los que ponía ese duende en sus caminos para impedir que los mortales llegaran hasta la cumbre. Poner trampas por doquier, piedras de todos los tamaños y armar precipicios para hacerlos caer.

Estos obstáculos no solo han sido para los abogados, sino también para los trabajadores, a quienes les es más difícil tener un contrato colectivo de trabajo. En el refugio que la reforma laboral les concesionó los patrones están llenos de regocijo, porque han asfixiado la contratación colectiva. Desde sus mullidos sillones de piel observan alegres en su televisor digital cómo caen los obreros intentando organizarse, y con ellos sus asesores jurídicos.

Algunos de los abogados laborales a quienes buscan extinguir, me comentan que se sienten acosados, señalados y cuestionados por la autoridad. Los trámites que inician, jurisdiccionales o administrativos, reciben el sello de desaprobación inicial. No hay análisis jurídico, sólo un llenado de cartabones y de formatos que se aplican a rajatabla porque, alegan, todo lo que proviene de sindicatos “no oficiales” es deleznable por sus “orígenes no democráticos”.

La queja sería compartida con otros sindicatos, sin embargo, hay sindicalistas a los que sí les alcanza para ajustarse a los criterios, quienes sí obtienen respuesta en los tiempos señalados en la Ley, a los que sí se les considera actuando de buena fe, y basta el “Bajo protesta de decir verdad” para que todos sus trámites fluyan favorablemente. 

Una abogada que no deja que la extingan me comenta:

“Es triste, pero tal parece que sólo se trataba de un cambio de favoritos, no de una reforma de “gran calado” como tanto se ha presumido”.

Estos procedimientos han quintuplicado el trabajo de los abogados laboralistas a los que se les pretende matar por el estrés y el incremento de tanto trámite digital, que por ahora está en manos de unos cuantos. Los expertos en informática que manejan los procesos digitales son observados por los obreros, de lejos, a través de los cristales. 

Los abogados que no se actualizaron digitalmente están perdiendo sus trabajos, también mirando de lejos los nuevos procesos, donde ellos son ahora los obsoletos. Se les reclama: “Ni siquiera saben prender el micrófono, ni compartir pantalla”. 

Así es la reforma laboral del nuevo siglo, sin el presupuesto necesario, sin la diligencia que se requiere para los nuevos tiempos.

Una reforma laboral que se asentó en el maloliente lodo del pasado, que ahora quiere cubrirse con una supuesta modernidad, hace pedazos la pretendida intención de fortalecer los instrumentos de los trabajadores y, en realidad, trata de extinguir a los abogados de lo social y sustituirlos por unos de trámites de compromiso para cumplirle a los señores del cuarto piso.

Información publicada en: https://lasillarota.com/opinion/columnas/2023/9/12/la-extincion-de-los-abogados-laboralistas-447362.html

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