Participación de Carlos Heredia Zubieta en el Conversatorio “Rumbo a un  modelo laboral más justo”  organizados por la Red de Mujeres Sindicalistas el pasado 23 de abril 2024.

Muchas gracias a la Red de Mujeres Sindicalistas por esta invitación a dialogar, a intercambiar algunas ideas sobre el modelo económico -laboral. A mí me asignaron el tema ¿Qué proyecto económico se necesita para el desarrollo del país? Por la introducción que ha simplemente poner en contexto esta presentación en los 30 años del TLCAN hoy TEMEC y en las perspectivas de la revisión del tratado en 2026, pero lo que me parece fundamental es el hecho del imperativo de revalorar el mundo del trabajo. Creo que lo que venimos arrastrando desde hace muchas décadas, específicamente desde entre 1976 y 2018, con algunos avances, estancamientos y retrocesos en este sexenio, fueron dos tesis que guiaron la política económica mexicana:

 La primera fue que los aumentos salariales causaban la inflación.Entonces había que hacer una política deliberada de contención salarial para el control de la inflación y de los equilibrios macroeconómicos. 

Y la segunda fue que la competitividad internacional de México también se sustentaba en salarios bajos y que la atracción de inversión a México resultaría mayor, mayor extensión, cobertura, profundidad, duración en la medida en que México se convirtiera en un país que vende mano de obra barata. Digamos, el modelo maquilador en alguna medida adoptó esa premisa, dijo vengan a ensamblar productos a México que les vamos a dar unos salarios muy bajos para, digamos, subsidiar a la inversión extranjera.

Ambas tesis eran falaces y con el paso del tiempo se fueron cayendo.

 El tema de los aumentos de salario mínimo se vio, desde que se desindexaron, se vio que no era el factor causante de la inflación, y por el otro lado, la competitividad internacional es mucho mayor en aquellos estados nacionales que tienen una muy sólida infraestructura de salud, de seguridad social, de previsión social y al menos una estructura medianamente desarrollada de un sistema de cuidados, de la que carecemos aquí por entero. 

Cuando se negoció el primer TLCAN, yo estaba trabajando en Washington, en la capital estadounidense, y colegas de distintas partes del mundo que observaban con mucho detenimiento la negociación México -Estados Unidos -Canada me comentaban, ustedes tienen que incluir la movilidad laboral en el Tratado de Libre Comercio. 

Los estadounidenses de ambos lados, demócratas y republicanos, nos decían a los activistas, académicos, dirigentes sociales que estábamos haciendo un trabajo de crítica del TLCAN, nos decían, no, eso nunca lo va a aprobar Estados Unidos, el Congreso de Estados Unidos nunca va a aprobar que se incluya el tema laboral en el TLCAN. Algún día le pregunté a Clara Jusidman, que en aquel momento siguió muy de cerca las negociaciones, si el gobierno de México puso o no sobre la mesa el tema laboral en las negociaciones del TLCAN. Pero en los documentos no consta que se haya planteado de manera formal por la parte mexicana la inclusión del tema laboral, porque ellos decían que Estados Unidos entonces iba a obligar a que se incluyera el tema de energía. Estoy hablando de 1993, entonces vinieron los acuerdos paralelos en materia laboral y en materia ambiental, que fueron una llamada misa, por lo menos en el caso laboral y persistió a lo largo de buena parte de estas tres décadas esta concepción en donde el trabajo tenía que subsidiar al capital.

Por cierto, en un país en donde la composición factorial del ingreso nacional, o sea, cómo se dividen las rebanadas del pastel entre capital, trabajo y tecnología, se fue concentrando cada vez una mayor tajada del lado del capital y la tecnología y una tajada decreciente del lado del trabajo. Ese es hoy el gran desafío. La social democracia en Europa se preció o se preciaba justamente de que ellos lograron en los países avanzados, sobre todo en Alemania, en el centro de Europa, en el Reino Unido de alguna manera, en Francia, que la proporción fuera, digamos, el mundo del trabajo alrededor de 60 por ciento del ingreso nacional, el mundo del capital y la tecnología alrededor de 40 por ciento.

Quizás los escandinavos llegaron a dos tercios, aquí en México hemos estado estacionados durante mucho tiempo en un tercio, el salario, el trabajo, y dos tercios el capital y la tecnología. Estoy hablando de cifras muy gruesas o sea quizá no sea este el caso año con año, pero en un promedio a lo largo de un período de décadas, esa proporción del ingreso nacional ha reflejado el hecho de que el estudio de OXFAM, que acaba de publicar hace dos meses, nos dice un proceso de enorme concentración tanto de la riqueza como del ingreso a lo largo de décadas, justo porque el mundo del trabajo fue postergado, sacrificado, utilizado como el salario como variable de ajuste tanto de la inflación como de la competitividad a nivel internacional. 

Entonces, celebro que este proyecto de solidaridad obrera intersindical haya puesto sobre la mesa este tema, cómo concebir un modelo o una estrategia de desarrollo económico que incluya que esté asentado, que sea consistente, que sea congruente con un planteamiento de laboral, un planteamiento de justicia laboral porque, efectivamente, se trataron siempre por separado de hecho.

El rechazo a incluir al mundo del trabajo en el primer TLCAN el 1 .0 era cubierto con una ideología bastante burda de decir no, si esto se trata de comercio ¿qué tiene que ver el trabajo con el comercio?.  De verdad, ese era el argumento. 30 años después irónicamente impulsado por la revisión que propugnó Donald Trump que decía que el NAFTA era el peor tratado en el mundo y que él quería uno que tuviera sus propuestas,su registro. Le quitó lo de libre comercio y le puso Tratado México, Estados Unidos, Canadá, y tiene su capítulo laboral el 23 y tiene un anexo: el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida,  pero que se enfoca solamente, y aquí ya empiezo a cerrar, en una vigilancia externa del gobierno estadounidense sobre derechos laborales en México, que no está establecida la reciprocidad de los derechos laborales de los mexicanos en Estados Unidos. Y por eso creo, y estoy de acuerdo con el tema de la revisión del TEMEC, en julio de 2026, que se cumplen sus primeros seis años, tendrá que ser el hecho de que haya una elemental reciprocidad en la revisión de los derechos laborales de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos. 

Y algo que seguramente Saúl Escobar va a abordar con mucho mayor conocimiento que yo, es que en la estructura del mercado de trabajo, del sector laboral, en la estructura del trabajo en México, una muy buena parte del trabajo se designa como informal, aunque esa designación no hace justicia a lo que representa el trabajo. Y en Estados Unidos, una buena parte, bueno, 40 % del trabajo de los mexicanos en Estados Unidos es indocumentado o irregular. Por lo tanto, el enfoque de que solo aborda el sector formal no incluye a los trabajadores del llamado sector informal aquí o de los trabajadores indocumentados o irregulares allá. ¿Cuánto creo que en muy buena medida lo que estamos viviendo simultáneamente en los tres países Estados Unidos, Canadá y México tiene puntos de contacto aunque pudiera eso despertar el escepticismo de alguna gente que diga no pues estamos dos economías industrializadas avanzadas frente a una economía que no lo es tanto.

Pero, ciertamente, el hecho incontrovertible es que en los tres países hoy, incluido México, hay una escasez de trabajadores en nichos, regiones y períodos de tiempo localizados, incluido México. Cuando empezaron las caravanas migrantes desde San Pedro Sula en octubre de 2018, que ya no han parado desde entonces, uno de los grandes empresarios de Monterrey, que me conoce, que yo he trabajado migraciones y he trabajado con migrantes de Guatemala, Honduras, El Salvador, México, en sus países de origen y en Estados Unidos, me dice, oye leí en el periódico que hay viene una caravana con 8 mil trabajadores o migrantes que buscan trabajo, y me dice yo nada más, mi compañía necesitamos 11 mil. Esta segmentación de los mercados, del flujo del trabajo, ha hecho que nos enfrentemos al absurdo de que en América del Norte, los tres países, enfrentamos escasez de trabajadores. Lo que dice un podcast que hace la embajadora Roberta Jacobson, que fue aquí embajadora de Estados Unidos en México, el podcast es el capítulo que yo escuché, se llama nómadas y vacantes. O sea, cómo los trabajadores se mueven en la región, son nómadas, tratando de compaginar y de hacer el match, el encuentro entre los puestos de oportunidades de empleo. Pero como la parte laboral en buena medida está permeada por consideraciones de tipo ideológico, incluso de tipo racializado.

Entonces, no se establece un encuentro entre quienes buscan colocarse en puestos vacantes y quienes ofrecen estos puestos que siguen vacantes. Me tocó en el otoño de 2022 en Texas ir a alguna conferencia en donde los hoteles, restaurantes de Texas no tenían trabajadores, no podían asear las habitaciones, ni dar atención en las mesas en los restaurantes, y a 200 kilómetros en mi tierra, en Tamaulipas, pues había los que quisieras.

En buena medida también en Estados Unidos se ha aplicado esta política de contención o de supresión salarial, para conservar lo que los teóricos han llamado el ejército laboral de reserva. Es decir, el trabajo mexicano irregular o indocumentado es visto como el ejército laboral de reserva de América del Norte y particularmente de Estados Unidos. Lo que acaba de hacer Trump a finales de 2023 y principios de 2024 fue decirle a los senadores republicanos es que ustedes no han entendido, no se trata de arreglar las cosas, no se trata de hacer cambios para que mejore la situación, se trata de capitalizar política y electoralmente lo que él llama la crisis migratoria en la frontera. Yo no la considero una crisis migratoria, sí es una crisis humanitaria muy profunda, pero es fundamentalmente el choque entre economías que buscan y necesitan por el perfil demográfico, por la transición demográfica que ya ocurrió y que es profunda en Canadá, que necesita 500 mil trabajadores nuevos al año que su crecimiento natural no les da y Estados Unidos, pues en cualquier momento de los últimos, después de la pandemia, ha tenido entre 9 y 11 millones de puestos de trabajo vacantes. Hasta México tiene puestos de trabajo vacantes. Entonces, termino diciendo que, por supuesto, los derechos laborales no se resumen en la movilidad laboral, pero en el contexto de América del Norte, la movilidad laboral, que parece una utopía, un sueño, algo que nunca se va aprobar. Bueno, así parecía hace 30 años el capítulo laboral. Nos guste o no nos guste mucho, pues ya forma parte del cuerpo del tratado, no es un acuerdo paralelo no vinculante.

Por supuesto que no se agota aquí el tema de derechos laborales, pero creo que no se puede plantear un proyecto laboral al margen del proyecto económico y no se puede plantear un proyecto económico al margen del proyecto laboral. La acumulación que se produce en cualquier economía y, habitualmente, en una economía capitalista pues parte de la premisa de que el trabajo es una mercancía. 

Nosotros estamos tratando de explorar un proyecto económico que plantee el mundo del trabajo como lo que es, como personas, como seres humanos, como individuos que tienen un proyecto de vida, un proyecto que no es simplemente vender su fuerza de trabajo. Entonces felicito a la Red de Mujeres Sindicalistas por este muy oportuno conversatorio.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *