Por la Red de Mujeres Sindicalistas
Cada 28 de abril, se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, y a su vez, el 1 de mayo, el Día del Trabajo, ambas fechas que invitan a la reflexión sobre los desafíos que enfrentamos para garantizar ambientes laborales seguros, dignos y saludables. En México, esta reflexión cobra especial relevancia en un contexto donde las desigualdades, la precarización laboral y la violencia de género siguen marcando la vida de millones de trabajadores y trabajadoras.
En este marco, la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018 (Factores de riesgo psicosocial en el trabajo) se erige como un instrumento clave para abordar una de las problemáticas más invisibilizadas pero profundamente arraigadas en los centros de trabajo: los riesgos psicosociales. Más allá de cumplir con una regulación, implementar esta norma puede y debe ser una oportunidad para transformar las dinámicas laborales desde la raíz, promoviendo entornos respetuosos, solidarios y equitativos.
La NOM-035, que entró en vigor de manera obligatoria en 2020, establece lineamientos específicos para prevenir y atender factores de riesgo psicosocial, como el estrés laboral crónico, el acoso, la violencia y las cargas excesivas de trabajo. Si bien es cierto que su aplicación aún enfrenta resistencias y desafíos, no podemos ignorar su potencial para reconfigurar las relaciones laborales en México.
La NOM-035 debe implementarse con un enfoque integral, que considere las particularidades de cada centro laboral y, sobre todo, que incorpore una perspectiva de género. Esto último es crucial, ya que las mujeres trabajadoras enfrentan condiciones que las colocan en una posición de mayor vulnerabilidad frente a los riesgos psicosociales.
Incorporar la perspectiva de género en la implementación de la NOM-035 no es un lujo ni una exigencia secundaria; es una necesidad urgente. Las mujeres en México, especialmente aquellas en sectores precarizados, enfrentan una doble carga: por un lado, las demandas del trabajo remunerado y, por otro, las responsabilidades no reconocidas del trabajo doméstico y de cuidados. Este doble rol las expone a niveles más altos de estrés, llegando al burnout y problemas de salud mental.
Además, la violencia de género en el ámbito laboral, es una realidad que no puede ser ignorada. Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), una de cada cinco mujeres ha vivido algún tipo de agresión en su lugar de trabajo. Este panorama demanda que las políticas de seguridad y salud laboral incluyan acciones específicas para prevenir y erradicar estas violencias, garantizando que las mujeres puedan desarrollarse plenamente en espacios sanos y libres de hostigamiento.
Desde la Red de Mujeres Sindicalistas, hacemos un llamado a los sindicatos, empleadores y autoridades laborales para que redoblen esfuerzos en la implementación de la NOM-035 con un enfoque de derechos humanos y perspectiva de género. Pero también a los gobiernos a reforzar la vigilancia y seguimiento de esta Norma. Esto implica, entre otras acciones, la capacitación continua del personal, la creación de protocolos claros para atender casos de violencia y la promoción de una cultura organizacional que valore la salud mental tanto como la productividad.
En este Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, así como en el Día del Trabajo, recordemos que la lucha por condiciones laborales dignas no se limita a la reducción de accidentes físicos. También incluye garantizar ambientes donde las personas puedan desempeñarse con seguridad, sin cargas desproporcionadas y con la certeza de que su bienestar es una prioridad. Para lograrlo, es esencial que las mujeres, en toda su diversidad, seamos escuchadas y que nuestras necesidades específicas sean contempladas en cada política, norma y práctica laboral.
Hacerlo no solo es un acto de justicia social; es también el único camino para construir un modelo laboral más equitativo, inclusivo y humano. Por una vida laboral digna, segura y libre de violencia.
