Editorial Día Internacional del Trabajo Doméstico: El trabajo que sostiene la vida, avances y desafíos desde una mirada de género

El trabajo doméstico no remunerado es la labor silenciosa que sostiene el pulso de los hogares y, en consecuencia, de toda la sociedad. Es la coreografía cotidiana de manos que limpian, preparan, alimentan y cuidan; es el tiempo invertido en el bienestar de otros, casi siempre ignorado, casi nunca reconocido. Este 22 de julio, en el Día Internacional del Trabajo Doméstico, rendimos homenaje a quienes, con su esfuerzo, construyen la base invisible sobre la que descansa la vida.

En México, el trabajo doméstico no remunerado —realizado principalmente por mujeres— representa un pilar económico y social de dimensiones colosales. Según el INEGI, las mujeres dedican en promedio 39 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, en contraste con las 13 horas que dedican los hombres. Esta desigualdad no sólo limita el tiempo de recreación, desarrollo personal y descanso de las mujeres, sino que perpetúa brechas de género en todos los ámbitos. El valor económico de este trabajo invisible equivale a cerca del 24% del PIB nacional, superando incluso sectores productivos formales como la industria manufacturera o el comercio, según las Cuentas Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México. Sin embargo, pese a su enorme aporte a la economía y al bienestar social, este esfuerzo sigue sin reconocimiento pleno ni protección legal.

La corresponsabilidad en el cuidado y el reparto equitativo de las tareas domésticas son demandas urgentes para avanzar hacia la igualdad sustantiva. En este sentido, el Convenio 156 de la OIT, relativo a la igualdad de oportunidades y de trato para trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares, marca una ruta clara: los Estados deben garantizar que las obligaciones familiares no sean un obstáculo para la participación plena y equitativa en el empleo y la vida pública. México aún tiene pendiente la ratificación de este convenio, cuyo reconocimiento sería un paso fundamental para transformar la vida de millones de mujeres y familias.

El trabajo doméstico no es sólo esfuerzo físico; es también la entrega emocional, el cuidado paciente, la arquitectura invisible que sostiene la vida. No es un “favor” ni una “ayuda”: es un trabajo fundamental, digno de respeto y de justicia. 

Desde la Red de Mujeres Sindicalistas, recordamos que el trabajo doméstico es la poesía cotidiana del cuidado, el arte de crear hogar donde antes sólo había espacio. Dignificarlo es dignificarnos como sociedad. Exigimos la implementación plena de los avances legales y el fin de la discriminación y la violencia de género en este sector. Porque reconocer, proteger y dignificar el trabajo doméstico es construir un país más justo, más humano y más igualitario.

Que el trabajo doméstico deje de ser invisible y sea valorado como lo que es: el trabajo que sostiene la vida.

Red de Mujeres Sindicalistas

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