Andrew Paxman

septiembre 1, 2024

Los huelguistas

Los capitalinos que circulaban por la avenida Cuauhtémoc durante la hora pico de la tarde del 30 de julio de 2017 fueron testigos de una extraña visión al pasar por Santa Cruz Atoyac: la puerta del edificio de La Jornada —el legendario diario de izquierda que cumple cuarenta años este mes—lucía una gran bandera rojinegra. Tras meses de negociaciones infructuosas con el periódico, el Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor) se declaró en huelga. La causa inmediata era un recorte del 45 % a salarios y prestaciones; el contexto, la cada vez peor relación entre los reporteros de a pie y el personal sénior de la rara vez vista directora general, la septuagenaria Carmen Lira.

La administración de un periódico que durante 33 años había defendido los derechos laborales no veía con buenos ojos a los huelguistas de casa. A los pocos días, la Dirección General convenció a la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de declarar “ilícita” la huelga. Semanas más tarde, presentaron una denuncia por “privación de la libertad” contra la secretaria general de Sitrajor, Judith Calderón, y otras tres personas (el abogado de los huelguistas, en un exceso, había encadenado la puerta del edificio, de tal suerte que los “esquiroles” encargados de producir el periódico habían quedado encerrados). Los administradores también despidieron a Calderón y, antes de la primavera siguiente, a otros diecisiete “agitadores”. En los años siguientes presionaron a docenas de antiguos huelguistas para que renunciaran, ya fuera alentando un retiro anticipado o relegándolos a tareas indeseables.

Hace poco, al reflexionar sobre el incidente, Calderón me dijo que logró desmentir las acusaciones en su contra tras una batalla de cuatro años. Pero el episodio dejó cicatrices profundas. Estos días, quien fuera una feroz defensora del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) de Sitrajor, así como una reportera respetada por su defensa de los niños de la calle, emana un aire de cansancio y agobio. En un aparente acto de intimidación de los abogados de La Jornada, su hijo adolescente quedó implicado en la denuncia y se quitó la vida en 2019. Calderón dice que la administración abusó de la buena fe de sus empleados, quienes ya habían tolerado una reducción salarial de corto plazo del 27 %. Mientras tanto, los editores sénior disfrutaban de salarios mensuales de más de 100 000 pesos (un redactor novato ganaba 15 500) y los reporteros estrella recibían jugosas comisiones por ventas de publicidad al Congreso, partidos políticos y gobiernos estatales; una práctica arcaica que Lira revivió, a decir de Calderón, “para ganar lealtades”. La antigua lideresa sindical añade que el CCT ha estado de facto suspendido desde enero de 2017 y que los dieciocho huelguistas despedidos aún esperan el pago de su indemnización.

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