Por Marielena Vega

Martes 02 de Mayo de 2023 

Hablar del Día del trabajo es hablar de toda una gama de diversidad de leyes que han avanzado y otras tantas por impulsar. De acuerdo con el Instituto Nacional de la Mujer, de las 13.9 millones de mujeres de 12 años y más ocupadas en actividades económicas, el 11.2% son trabajadoras domésticas, mientras que de los 26.4 millones de hombres ocupados, menos del 1% trabaja en actividades domésticas.

Es decir, cada vez la mujer es más participativa en el apoyo de los ingresos familiares, no así la labor del hombre en las labores del hogar o crianza de los hijos. Hace falta, sin duda, equidad salarial, y laboral. Mientras a un hombre se le felicita cuando va a ser padre, a una mujer se le pregunta si va a seguir trabajando.

Veamos: En estos días tuve la oportunidad de conocer a varias mujeres y grupos activistas, de movimientos como la Ley Vicaria y la Ley Sabina. En sus propósitos coinciden en numerosos aspectos, pero el punto en que me centraré es la violencia que sufren las madres al separarse de su pareja, cuanto éstas tienen un trabajo o, más aún, cuando son exitosas en el mundo laboral y que se detalla en la Ley Vicaria, que se promulgó en este régimen, y en la Ley “3 de 3” que aprobó el Senado de la República, bajo la coordinación de Alejandro Armenta.

Ambas buscan erradicar la violencia -no física- contra la mujer, misma que es ejercida, en su mayoría, por hombres con cierto poder económico político o laboral.

La ley “3 de 3” contra la violencia, establece textualmente que “los ciudadanos que cuenten con una sentencia firme por la comisión intencional de delitos contra la vida y la integridad corporal; contra la libertad y seguridad sexuales, el normal desarrollo psicosexual; por violencia familiar, violencia familiar equiparada o doméstica, violación a la intimidad sexual, no podrán ser registrados como candidatos para cualquier cargo de elección popular, ni ser nombrados para empleo, cargo o comisión en el servicio público”.

Entonces, la ley Vicaria y la ley “3 de 3” se entretejen para erradicar la violencia de género que se ejerce contra la mujer que trabaja.

La Ley Vicaria nace en este régimen, con el objetivo de frenar la violencia contra mujeres que trabajan, al momento de la separación de su pareja, esposo o concubino, y que ejercen una forma de poder y violencia hacia ella, ya sea a través de quitar o pedir la guardia y custodia de los hijos, al 100%, con la intención de generar violencia y evitar pagar una pensión, amén de otras responsabilidades.

Para ello, buscan los victimarios alargar juicios a fin de quitar lo que más se pueda de los bienes adquiridos dentro del tiempo de la relación, es decir, apoderarse del patrimonio.

La lista de puntos de violencia es larga, y ni que decir de los argumentos que se desprenden cuando la mujer trabaja y puede tener acceso a ingresos similares o incluso más altos que los del hombre.

En este análisis, encontramos muchas vertientes, todas en perjuicio de la mujer, más cuando el hombre cuenta con poder económico o político e influencia laboral.Esto es, en síntesis, la aplicación de la violencia Vicaria, la se da cuando el agresor sustituye el daño a los hijos por el daño a la madre, su principal objetivo.

Esto resalta la importancia de la recién aprobada Ley de “3 de 3”, que fortalece, normativamente, la construcción de las bases de la paridad y la igualdad, así como la lucha contra la violencia que, como ya señalamos, no solo es física, pero es brutal.

Estos avances se ven palpables en la CDMX, durante el actual gobierno de Claudia Sheinbaum, en que se ha fortalecido su legislación. Aun así, muchos de estos temas no se han establecido en los Congresos de los Estados, por lo que no se tiene una cobertura y una acción nacionales; siguen siendo asignaturas pendientes, y urgentes. Muchas mujeres que sufren violencia vicaria o violencia que recae en la ley de “3 de 3”, no tienen modo, ni herramientas para denunciar.

Entre legisladoras se ha elevado la voz, en todas las bancadas, el gran, “pero”, es que, por falta de atención, los procesos pueden extenderse a 2, 5 o más años, lo que hace que, en muchos casos, las mujeres desistan, al no poder solventar gastos de abogados, enfrentar tiempos de juicios, y atender trabajo y crianza. Al mismo tiempo, los agresores actúan y se victimizan y, lo más grave, siguen proliferando en una nueva y grave realidad.

En conclusión, se ha avanzado en materia de reglamentos y leyes, sí, pero aún falta mucho que definir, para evitar que la violencia vicaria termine en tratos deplorables hacia la mujer y los hijos; urge actuar para que no se puedan utilizar huecos en leyes que hagan de una separación, necesaria por el bien de la mujer y sus hijos agredidos, temas de años, y deriven en la separación laboral de la mujer, o peor aún, pero lamentablemente cierto, en feminicidios.

Información publicada en: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Dia-del-trabajo-para-quien-20230502-0035.html

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