07 mayo 2023
A sus 82 años, Carlos Aceves del Olmo no piensa en la jubilación. El secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), de ochenta años, aún tiene fuerzas para liderar un sindicato de 4.5 millones de afiliados. Diputado y senador por el PRI en varias ocasiones, el dirigente de la CTM intercala desde hace años su faceta de político con la de sindicalista. Si bien tiene una vida en las filas de la Confederación, no fue hasta 2016, tras la muerte de Joaquín Gamboa Pascoe, que Aceves del Olmo asumió el cargo más alto al frente del gremio y como muestra de su liderazgo, este mes de mayo. 1 ocupó la mesa de honor, junto al presidente Andrés Manuel López Obrador, en el acto conmemorativo del Día del Trabajo. Junto a él, otros jefes sindicales mostraron su musculatura política, como Isaías González Cuevas, líder de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y Francisco Hernández, dirigente sindical de las telefonistas durante los últimos 45 años.
El sindicato CTI, fundado en 1936, fue dirigido inicialmente por el dirigente obrero Vicente Lombardo Toledano y posteriormente por el histórico y vital líder Fidel Velázquez, quien permaneció en la presidencia hasta su muerte. Si bien la CTM reúne muchas de las prácticas más icónicas del llamado sindicalismo charro en México, no es la única. Al amparo del México posrevolucionario y sus posteriores gobiernos priístas, florecieron también una serie de sindicatos cuyos dirigentes se han atrincherado durante décadas. Por ejemplo, Isaías González Cuevas, de 82 años, es dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) desde hace más de 18 años y al igual que Aceves del Olmo ha ocupado bancas como senador o diputado en más de una ocasión.
El titular de la Confederación Regional de Trabajadores de México (CROM) —un sindicato con más de 102 años de historia— es Rodolfo González Guzmán, de 66 años, y acaba de cumplir más de una década como secretario general. El ahora dirigente ha dado, ha revelado en entrevistas anteriores su trayectoria de más de tres décadas en las filas de la CROM, desde el departamento jurídico del sindicato hasta ocupar el máximo cargo en 2010.
Anacrónico, antidemocrático y opaco, pero aún con un gran músculo de movilización y por ende, de potenciales votantes. Estos son algunos de los adjetivos que surgen cuando se habla de la vida sindical mexicana en los últimos 60 años. Sin embargo, los grandes sindicatos de trabajadores no son los únicos que han eternizado a sus líderes sindicales, las empresas paraestatales y de empresa también tienen un puñado de ejemplos de líderes vitalicios. Hasta 2019, el charrismo El sindicato en México tuvo entre sus máximos exponentes a Carlos Romero Deschamps, el alguna vez poderoso líder del sindicato Petróleos Mexicanos (Pemex). Tras 26 años en el cargo, el sindicalista de Rolex, yates y mansiones de lujo dejó la dirección del gremio en medio de una avalancha de acusaciones por enriquecimiento ilícito y corrupción. Dos años después, incluso se anunció su salida de Pemex.
La salida forzada de Deschamps de la dirección del sindicato petrolero, con unos 90 mil trabajadores afiliados, marcó un hito en la historia del sindicalismo mexicano. Sin embargo, tres años después, en febrero de 2022, los petroleros eligieron a un estrecho colaborador del exjefe sindical, Ricardo Aldana, quien también estuvo entre los asistentes a Palacio Nacional el 1 de mayo y quien encabezará el poderoso sindicato. hasta 2024.
En esa trinchera despareja, la paraestatal Comisión Federal de Electricidad (CFE) tiene su propio jefe sindical: el líder del Sindicato Único de Trabajadores Eléctricos de la República Mexicana, Víctor Fuentes del Villar, de más de 80 años, quien ha estado en esa silla más de 16 años y concluirá su gestión en 2025. Tras la legitimación de su contrato colectivo, con el 87% de los votos a favor, en diciembre de 2021, el dirigente gremial aseguró que el gesto de legitimación fue una confirmación de la democracia y la vanguardia dentro del Unión.
Si bien la reciente reforma laboral, promulgada en 2019, intenta abrir la puerta a la apertura sindical al obligar a los sindicatos a someter sus contratos colectivos al voto libre, secreto y directo de los afiliados, analistas aseguran que llegar a esta apertura tras casi 100 años de charrismo sindical Será un proceso largo, a gotas.
Manuel Fuentes, especialista en política laboral, destaca que al menos en los últimos 60 años los sindicatos han servido más como instancias de control tanto para el Gobierno, en el caso de las paraestatales, como para las empresas privadas al constituir sus propios sindicatos. “Se validó un sindicalismo, diríamos, muy ligado a prácticas de corrupción, sobre todo venta de puestos de trabajo, control de cuotas sindicales, porque hay un tema de control y luego todos los favores hacen que ese tipo de liderazgo no sea tan fácil de quitar. Adentro, en las bases, los grupos de trabajadores tienen una lealtad, sobre todo por razones económicas, porque les han dado un puesto para un trabajador, para sus hijos o para su esposa y entonces se crean canales de agradecimiento donde es muy Es difícil romper con esos liderazgos”, zanja.
Para Fuentes, la renovación de los dirigentes sindicales aún tardará una década en materializarse. “Todos los partidos políticos, o gobiernos de distintos colores, se han dado cuenta de que los sindicatos tienen una utilidad política o de control”, refiere. A pesar de las malas prácticas de algunos sindicatos, el experto destaca que la figura sindical es una pieza clave para lograr el equilibrio entre el empleador y sus empleados, una herramienta para lograr mejores salarios y beneficios para sus afiliados.
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