Las recomendaciones sobre una buena alimentación tienen que considerar los contextos que viven las personas y en el área laboral hace falta más que sugerir comedores con alimentos nutritivos: se tiene que hablar de las relaciones asimétricas entre países y el poder político-económico que tienen las empresas trasnacionales sobre estos.

25 de octubre, 2023

Por: Karen Hernández y Lizetee de la Torre Bartolo

@CDHVitoria 

Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación. Dicha celebración fue proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) con el objetivo de reconocer la importancia del sistema alimentario para atender los problemas derivados con su producción y redistribución. Si bien dicha conmemoración parte de una mirada poco integral sobre el tema alimenticio en el mundo, ha dado pie para reflexionar sobre lo que consumimos hasta el día de hoy.

Es necesario recordar que desde la creación de la FAO, y pese a sus esfuerzos para lograr hacer frente a los problemas alimenticios, no se han tomado en cuenta los fallos estructurales que se derivan de éstos. Esto ha frenado la transición hacia un ciclo de alimentación amigable con la naturaleza, de calidad, asequible y saludable para todas las personas.

Los estragos de la pandemia por COVID-19 siguen causando efectos en el contexto actual, sobre todo en el marco económico y laboral. Tener presente estos factores es importante porque atraviesan de manera directa los procesos alimentarios dentro del sistema capitalista, el cual privilegia la productividad por encima de los derechos humanos universales.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante la pandemia aumentaron los niveles de informalidad, pobreza y falta de oportunidades para las personas. Esto ha orillado a las y los trabajadores a tomar empleos con pésimas condiciones laborales de manera frecuente, lo que impacta directamente en la alimentación y en la salud.

¿Es importante pensar el tema de la alimentación desde el espacio laboral? ¡Claro! Las y los trabajadores se enfrentan a factores que desequilibran sus hábitos alimenticios como el estrés, lo que propicia que coman en exceso o con opciones poco  saludables debido a tiempos y costos, además de pasar gran parte del día en el trabajo, tal como sucede en el contexto mexicano.

La OIT ha hecho recomendaciones dirigidas a las empresas para posicionar la importancia de la alimentación de sus empleados, pero lo cierto es que no se ha logrado abordar de una manera efectiva. Por ejemplo, dentro de su recomendación n° 102, se reconoce la necesidad de comer adecuadamente en los espacios laborales y se incentiva la implementación de comedores con alimentos apropiados y saludables, y platillos para diferentes tipos de dietas y servicios que cumplan las normas nutricionales. Dichos servicios deben ser efectivos y estar a disposición de quienes laboran a lo largo del día.

Lo antes expuesto suena muy atractivo, sin embargo no es suficiente y tampoco ha sido visible su implementación por completo. En primer lugar es necesario situar los contextos particulares a nivel internacional, pues esta recomendación se encuentra alejada de algunas realidades. Las relaciones asimétricas entre países y el poder político-económico que tienen las empresas trasnacionales sobre estos implican condiciones laborales desiguales y de sobreexplotación que dificulta el seguimiento de recomendaciones homogéneas con respecto a temas nutricionales y de cuidado básico.

Extender la reflexión sobre la alimentación desde el espacio laboral nos lleva a la exigencia por garantizar nuestros derechos humanos y laborales de manera integral: para desarrollar nuestras funciones de forma óptima es imperante respetar y promover el goce de una vida digna. Pensar en la nutrición no sólo tiene que ver con lo saludable de los alimentos y de las dietas para vivir mejor, sino también dar cuenta de aquellos problemas estructurales que impiden a las personas disponer de comida adecuada y una vida saludable. De nada sirve seguir pensando en superar las cifras y récords para acabar con el hambre, mientras se siga dejando de lado el incremento de la deshumanización. Sobre todo en los espacios laborales, al no ser pensados desde el disfrute y el bienestar de las y los trabajadores; es momento de alimentar la justicia laboral.

* Lizetee de la Torre Bartolo y Ana Karen Hernández Meraz son colaboradoras del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CDHVitoria).

Información publicada en: https://www.animalpolitico.com/analisis/organizaciones/la-dignidad-en-nuestras-manos/alimentacion-trabajo-explotacion-estres

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