Por José Martínez Cruz | 19 Febrero, 2024

En Morelos ha estallado la huelga en Nacional Monte de Piedad y se anuncia la posible huelga en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, los emplazamientos a huelga en la empresa automotríz de Nissan, en el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias, entre otros, mientras en Puebla se mantiene la huelga en la fábrica de autos Audi de capital alemán. 


Son algunas de las luchas que muestran la creciente participación sindical organizada de la clase trabajadora en defensa de sus derechos laborales y sindicales frente a una creciente desigualdad económica y social que los dueños del capital han acumulado en nuestro país y a nivel mundial.
Los datos muestran con toda claridad que, mientras la inmensa mayoría de la población sobrevive con salarios de miseria, solamente una pequeña cantidad de multimillonarios incrementa su poderío económico. 


Esta tendencia del capitalismo se mantiene durante décadas, auspiciada por políticas neoliberales y privatizadoras, sin que las políticas de los gobiernos que se autodenominan progresistas muestren un cambio de fondo al respecto. 


Desde la entrega de cientos de empresas públicas al capital privado que llevaron a cabo los gobiernos priistas de Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, hasta las reformas privatizadoras de los gobiernos panistas de Fox y Calderón que culminaron con la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro para privatizar la CFE, misma política que continuó Peña Nieto, se dio un crecimiento exponencial de las fortunas de los grandes magnates en México. 


A pesar del discurso del gobierno actual de López Obrador de recuperar el papel de las empresas públicas, no se ha revertido éste proceso privatizador, ya que si bien es cierto se aprobó la reforma eléctrica, no se han dado pasos hacia la renacionalización y los empresarios han ganado amparos ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para mantener sus privilegios, así como se sigue imponiendo la lógica de subordinación a las transnacionales con los tratados internacionales de libre comercio.


El informe de Oxfam y el discurso de Carlos Slim, son una comprobación de lo anterior. Por una parte, Oxfam señala que la desigualdad extrema de la riqueza en México no deja de aumentar, que la fortuna total de los 14 ultrarricos mexicanos, aquellos con más de mil millones de dólares de riqueza, aumentó hasta casi duplicarse desde el inicio de la pandemia. 


Mientras Slim, el más rico de todos ellos, quien junto con Germán Larrea tiene una fortuna equivalente a la que tienen unas 334 millones de personas más pobres de América Latina, confirma que tanto los partidos de derecha le han propuesto ser candidato mientras se queja de que Telmex no le da las ganancias que él quisiera, sin mencionar que es dueño de más de 300 empresas obtenidas a partir de que obtuvo prácticamente regalada esta empresa de telefonía vital para las comunicaciones en México.


La política de incremento de los salarios mínimos que ha llevado a cabo éste gobierno ha permitido obtener incrementos frente a la inflación que beneficia a un sector de la población trabajadora, aunado a los programas de bienestar social que llega a millones de personas que estarían en peores condiciones si no los recibieran. 
Las políticas de redistribución social no eliminan de fondo las condiciones de explotación pero sin duda son un paliativo que impacta socialmente, conteniendo parcialmente la protesta social sin ir a fondo en medidas como el establecimiento de un ingreso mínimo universal que permita una vida digna.


Ante esta situación, son los sectores más organizados de la clase trabajadora los que levantan su voz y realizan acciones de protesta. Así lo constatamos en las movilizaciones realizadas durante las marchas que se llevaron a cabo en la jornada nacional de lucha en defensa de los derechos laborales y sindicales realizada el 31 de enero en todo el país, encabezados por los sindicatos de Telefonistas y del STUNAM, entre otros de la Unión Nacional de Trabajadores. 


De igual manera lo indicaron las delegaciones asistentes a la Convención Nacional de Trabajadores convocada por el SME y la Nueva Central de Trabajadores. 
La huelga en Monte de Piedad es un botón de muestra de la agudización de la lucha de clases, donde el patronato de esta empresa que tiene más de 300 oficinas en todo el país, ha venido violando impunemente el Contrato Colectivo y despidiendo a cientos de trabajadores, a pesar de que su objetivo declarado es la beneficencia social. 


De igual manera, en el caso de la huelga en Audi, los más de 3778 trabajadores han realizado votaciones democráticas para sostener su exigencia de obtener un aumento salarial del 15% frente al 7% que les ofrecen los empresarios, ante la evidente inequidad que implica el incremento de la productividad del trabajo para la exportación de vehículos.


Los sindicatos tienen el objetivo de defender los derechos laborales y sindicales de sus agremiados, mismos que son terriblemente violados en la inmensa mayoría de los casos donde se carece de organización colectiva. 


Pero estas luchas aisladas resultan insuficientes para derrotar el poder del capital, porque es muy difícil resistir largos períodos de huelga sin ingresos y sin poder llevar alimentos para las familias de quienes permanecen en las guardias de día y de noche frente a las puertas de las fábricas y oficinas con las banderas rojinegras. 


La solidaridad entre la clase trabajadora en estas circunstancias es fundamental para no permitir que se imponga el poder del capital. Los derechos laborales son derechos humanos y se defienden mediante la lucha organizada. Hoy más que nunca es necesario construir un polo social independiente de la clase trabajadora, porque gobierne quien gobierne, los derechos se defienden.

Información publicada en. https://morelos.lodehoy.com.mx/opinion/2024/02/19/48332/huelgas-frente-la-explotacion-capitalista

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