16 de abril, 2024

Por: ColaborAcción

La Organización Mundial de la Salud define al autocuidado como “un concepto amplio que engloba la higiene (general y personal), la nutrición (tipo y calidad de los alimentos que se consumen), el modo de vida (actividades deportivas, ocio, etc.), los factores ambientales (condiciones de vivienda, hábitos sociales, etc.) y los factores socioeconómicos (nivel de ingresos, creencias culturales, etc.)”. En resumen, se refiere a la práctica de tomar decisiones y llevar a cabo acciones cotidianas en favor del bienestar propio.

Sobre esto y las diferentes formas que existen del cuidado, Daniela Rea Gómez 1 se pregunta: “¿Qué significa ser cuidadoso en un país, en un mundo como el nuestro? Significa necesitarnos, significa creer”. Hablar de cuidados es volver a las manos de nuestras madres al cortar cebolla, a los botones cosidos por nuestras abuelas, a las acciones cotidianas que nos mantuvieron con vida hasta este momento.

De acuerdo con Data México, en el cuarto trimestre de 2023, los hombres que laboraban como trabajadores en cuidados personales y del hogar representaron el 33 por ciento de la población ocupada, y las mujeres el 67 por ciento. Esto responde a roles de género impuestos a ellas, tales como el trabajo de cuidados, que suele ser considerado como una responsabilidad para las mujeres.

Históricamente no se ha reconocido a estas tareas como lo que son: un trabajo. Al contrario, se toman como tareas que las mujeres realizarán naturalmente.

De acuerdo con el Instituto Méxicano para la Competitividad (IMCO), en 2022 el valor económico de las tareas del hogar y de cuidados fue de 7.2 billones de pesos (43 millones de dólares aproximadamente). Sin embargo, en el cuarto trimestre de 2023 se observó un salario promedio de $5,004 mil pesos (300 dólares aproximadamente)  mensuales para las personas dedicadas al trabajo de cuidados y del hogar.

Es decir, aunque la derrama económica de esta labor beneficia a la economía de México, quienes se dedican a ella obtienen salarios insuficientes (sí es que reciben un pago por ello) y se enfrentan a condiciones de abandono y precarización preocupantes.

En Su cuerpo dejarán, un texto dedicado a los trabajos de cuidados, escrito por Alejandra Eme Vázquez, 2 la autora se sumerge en su propia experiencia como cuidadora remunerada y en las vivencias de su abuela como cuidadora no remunerada.

Alejandra escribe: “¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidar? De defender. No: de vigilar. O quizá de preservar, de proteger, de resguardar, de asegurar, de observar, de verificar, de regular, de amar, sí, de amar, y de desconfiar también porque se cuida lo que está en riesgo de no permanecer. Se cuida lo frágil, lo débil o imperfecto: lo importante, lo valioso, aquello que no concebimos perder. […] El tema es cómo y desde dónde se cuida, si desde la angustia, desde la sospecha, desde el odio o desde la generosidad. Si se establece una jerarquía o una horizontalidad. Si se disfruta o se sufre”.

En este texto la autora denuncia lo injusto que ha sido relegar a las mujeres a ser las cuidadoras eternas de sus hijos, de sus esposos y, en realidad, de cualquier persona que no sean ellas. Las mujeres suelen poner al resto por encima de sí mismas. Dejan su cuerpo en pro de lo otro. Siempre hay algo más importante que cuidar. A cambio, si acaso, reciben únicamente “las gracias”.

Esto genera una profunda desigualdad que limita las posibilidades de las mujeres para desarrollarse en el ámbito profesional o académico, al tiempo que las mantiene en situaciones de precariedad al no recibir un pago por el trabajo que realizan. Tan solo en 2023, en nuestro país, las mujeres aportaron 2.6 veces más ingresos que los hombres en trabajo no remunerado, de acuerdo con datos del IMCO.

Alejandra Eme Vázquez cuestiona cuántos alimentos, rentas o servicios básicos se pueden pagar con sonrisas o palmadas en la espalda. ¿A cuántas bocas alimenta un “muchas gracias”?

Cabe decir que por supuesto existe una minoría independiente que sí ha logrado cotizar su capacidad de cuidado hacia el otro y que puede imponer su persona, luego de una dura e inequitativa batalla por instalar el posicionamiento propio. Como cualquier acción vanguardista, se sufren las consecuencias de ser la punta de lanza, sin embargo se va allanando el camino y superando obstáculos para que otras puedan continuar en un rumbo similar.

Al retomar la línea reflexiva de la periodista Daniela Rea, cabría cuestionar: ¿Quién está cuidando a quienes nos cuidan? Generalmente la respuesta es “nadie”, y eso es justamente lo que se debe cambiar. También toca preguntar: ¿Qué pasa si nadie se hace cargo de estas labores? Hoy sabemos que esto provocaría un derrumbe en todos los ámbitos (económicos, sociales, íntimos, etcétera). Cuando se asegura que el trabajo de cuidados sostiene la vida, no es una exageración, sino una reafirmación de la realidad.

De acuerdo con Oxfam México:  “El trabajo de cuidados […] engloba actividades como el cuidado infantil y la asistencia a personas mayores, con enfermedades físicas y mentales o con algún tipo de discapacidad, además de las tareas domésticas diarias como cocinar, lavar, coser e ir a buscar agua y leña. Si nadie invirtiera tiempo, esfuerzo y recursos en este tipo de actividades, comunidades, centros de trabajo y economías enteras se colapsarían por completo”.

Datos de esta misma organización señalan que, en el mundo, las mujeres y niñas dedican al trabajo de cuidados no remunerado 12,500 millones de horas diarias. Además, el 42 por ciento de las mujeres no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables de los trabajos de cuidados, en comparación con solo el 6 por ciento de los hombres.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que, al tercer trimestre de 2023, la tasa de participación de los hombres en el trabajo remunerado fue de 76.6 por ciento, mientras que el de las mujeres fue de 46.4 por ciento; estos datos no demuestran menos esfuerzo por parte de ellas (como suele interpretarse), sino un menor acceso a alternativas laborales. De hecho, las mujeres trabajan cerca de 17 por ciento más que los hombres —según datos del INEGI—, pues entregan su tiempo al cuidado y las labores del hogar.

Distribuir equitativamente estas actividades es abrir la puerta para que las mujeres tengan acceso a una vida digna; es darles la oportunidad de mirarse a ellas mismas. Pero, sobre todo, es una deuda histórica que permite proteger a quienes nos han protegido a nosotros.

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Tania Ramírez, directora ejecutiva de la Red por los Derechos de la Infancia en México, piensa en el autocuidado y acepta que es algo que suele dejarse de lado: “He estudiado el autocuidado, lo entiendo, comprendo su importancia política, lo necesario que es, pero se me sigue resbalando. Incluso como mamá, sé cuidar del resto, pero muchas veces olvido cuidar de mí”.

Betty Ávalos, directora de la Colectiva de Mujeres Rosa Luxemburgo, afirma que el caso de Tania, en términos de autocuidado, es algo común entre las mujeres activistas, quienes suelen entrar en hábitos peligrosos donde desaparecen por completo sus necesidades personales: “Hemos escuchado que muchas compañeras defensoras mueren muy jóvenes por falta de atención o por estrés. Nosotras atendemos a otras personas que nos solicitan ayuda, pero muchas veces no nos atendemos a nosotras, ni física ni emocionalmente”.

Entonces se vuelve necesario repasar las famosas palabras de la filósofa norteamericana Audre Lorde: “Cuidarme a mí misma no es una autoindulgencia, es autopreservación”. Frente a los procesos de explotación y destrucción, queda proteger la vida desde el autocuidado y el acompañamiento.

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Para hacerle frente a las desigualdades sistemáticas en el ámbito del trabajo, han surgido iniciativas como “Telar de derechos” ―que se desprende de Iniciativa Arropa, un proyecto impulsado por Fundación Avina―, a través del cual se busca poner las peticiones laborales y de cuidados en las agendas de las personas candidatas a las próximas elecciones (tanto a nivel local como federal).

Tan solo en México, de acuerdo con el INEGI, existen más de 2.3 millones de personas trabajadoras del hogar; 88 por ciento son mujeres y 12 por ciento hombres. Aunque en 2018 la Suprema Corte de Justicia de la Nación por fin reconoció que era inconstitucional que las trabajadoras del hogar no tuvieran derechos laborales, todavía falta mucho por recorrer.

Activistas como Marcelina Bautista señalan que su labor es encargarse de darle bienestar a las personas. Y, a través de espacios como el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, se ayuda e informa a quienes se dedican a esta labor.

El problema continúa y se expande desde los empleadores y la sociedad en general, quienes aún no valoran lo esencial de este trabajo y la necesidad de otorgarles derechos laborales. Por eso se busca difundir información que ayude a clarificar estos hechos, así como la importancia de mantener la agenda laborista en la mirada de las personas tomadoras de decisiones.

Sostener la vida es una labor que más vale reconocer y proteger, porque si no hay trabajo digno, no hay bienestar. Y si no hay labores de cuidados, no hay nada.

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Para conocer el trabajo de Fundación Avina en materia de derechos laborales, visita Iniciativa Arropa.

@FundacionAVINA

1 Periodista, documentalista y escritora mexicana. Su trabajo periodístico se caracteriza por el enfoque de derechos humanos, así como por sus trabajos de investigación de índole social y político, con un estilo narrativo.

2 Alejandra Eme Vázquez (Ciudad de México, 1980) es creadora, editora, docente e investigadora del cuidado.

Información publicada en https://www.animalpolitico.com/analisis/organizaciones/colaboraccion/cuidar-a-quienes-cuidan

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