810 mil jóvenes se encuentran desempleados hoy en México. Por un lado, la profesionalización no les garantiza acceder a trabajos dignos. Por otro, el no contar con estudios suficientes limita a las y los jóvenes a encontrar trabajos informales que no cumplen con las regulaciones necesarias. ¿Hasta cuándo las juventudes tendrán acceso a un trabajo y condiciones laborales dignas?
18 de agosto, 2024
Por: Katya Michel Maestro Huerta @kmichmha @CentroVitoriaMX
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), este año la juventud en México está conformada por el 23.8 % del total de la población. De este rubro, 54.1 % es población económicamente activa, es decir, que cuenta con la edad necesaria para trabajar, ya sea que se encuentren realizando una actividad o buscando un empleo. A la par, 81.3 % trabajó de forma subordinada o asalariada y, dentro de este estatus, únicamente el 48.1 % de las y los jóvenes trabajadores tuvieron acceso a servicios de salud, 59.3 % a vacaciones y aguinaldo, y sólo 48.5 % cuenta con un contrato por escrito.
Por otro lado, el 95.2 % de la población juvenil en el país, se encuentra ya en alguna ocupación, el resto se mantiene “desocupada”. Si de números se trata, leer las estadísticas y encontrarnos frente a un 4.8 % que representa la población joven económicamente inactiva, puede sonar como una cantidad mínima. No obstante, este porcentaje se traduce en 810,000 jóvenes desempleados, cifra que nos invita a cuestionar: ¿qué es lo que dificulta la inserción de las juventudes al campo laboral?
Y es que las realidades de las juventudes son sumamente diversas. De acuerdo con el mismo censo, 60 de cada 100 personas jóvenes cuentan con estudios hasta el nivel medio superior, 37 con educación básica, 2 con educación superior y 1 carece de escolaridad. Si bien estas cifras muestran solo datos duros, son de gran utilidad para comprender cómo la educación se vuelve uno de los principales obstáculos para entrar al mundo laboral. Es así que los estudios se vuelven un filtro para obtener un trabajo digno, dejando a aquellos que no cumplen con los requisitos frente a trabajos precarizados y con pagas mínimas.
Para quienes logran culminar la educación superior, el panorama cambia de matices, pero no de complicaciones. Uno de los problemas más comunes para universitarios egresados es la falta de experiencia laboral. Es común (más no la única) que previo a una postulación de empleo solo se cuente con el servicio social o las prácticas profesionales, requisitos necesarios para cualquier trámite de titulación y, casi siempre, sin remuneración económica.
También encontramos las llamadas pasantías o puestos de becarios y/o ayudantes de investigación, espacios que regularmente tienen las instituciones y figuran como una oportunidad de crecimiento o desarrollo profesional. A pesar de que este tipo de mecanismos tienen como objetivo acercar a los jóvenes al campo laboral, ¿qué acciones tienen o pueden realizar las juventudes durante sus estancias? O si se establece una relación laboral con la institución, ¿se debe acceder a las prestaciones de ley como cualquier otro empleado?
En México, la única mención que existe sobre el sistema de pasantías es dentro del artículo 30 de la Ley Reglamentaria del Artículo 5o. constitucional. mismo que establece que la Dirección General de Profesiones podrá extender autorización a las y los pasantes para ejercer la práctica respectiva por un término no mayor a tres años. Sin ahondar en las regulaciones que protejan los derechos de los becarios, esto último deja a disposición y criterio de cada institución las condiciones en las que las pasantías se realizan (actividades, horarios e incluso si existirá una paga).
Quienes deciden transitar por estos formatos a menudo enfrentan una gran incertidumbre, pues se desconocen los términos de su participación. Además, es común que dentro de estas prácticas se maneje como “paga” la obtención de experiencia profesional, sin ofrecer una remuneración económica justa. Otro factor importante es la falta de un contrato laboral, ya que sin él las organizaciones no están obligadas a cumplir con las prestaciones de ley (acceso al seguro social, vacaciones o aguinaldo).
No podemos continuar sin nombrar uno de los proyectos más esperanzadores del actual gobierno: el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, plan considerado como una posible alternativa al panorama que enfrenta la juventud. Este proyecto forma parte de los programas del Bienestar impulsados por el gobierno de López Obrador, y consiste en ofrecer una capacitación a jóvenes de entre 18 y 29 años que no trabajen ni estudien en empresas o centros de trabajo por 12 meses. Durante este tiempo, las y los beneficiados recibirán una beca equivalente al salario mínimo.
De acuerdo con la página oficial del programa, son 2,973,455 los beneficiarios hasta el día de hoy. Desde enero de este año, la plataforma de vinculaciones se encuentra cerrada y no se cuenta con información certera de cuándo se reanudará el programa. De cualquier forma, hace unas semanas este proyecto fue incluido como parte del Artículo 123 de la Constitución, acción que aseguró y legitimó su permanencia durante el próximo sexenio.
¿Este espacio subsume las demandas de la juventud en materia laboral? Si bien el programa permite la vinculación a centros de trabajo que aseguran capacitación, la falta de un contrato entre éstos y las organizaciones colocan a los jóvenes en una situación vulnerable, ya que no se cuenta con alguna constancia de relación laboral más allá de la plataforma. Sumado a ello, en dicha plataforma pueden ser dados de baja sin previo aviso y sin recibir el salario correspondiente de los meses trabajados. Aunque en el espacio se pide que los empleadores especifiquen los horarios laborales de aprendices, no existe seguimiento que corrobore que estos horarios se cumplan de manera correcta.
Las juventudes en México atraviesan un complejo panorama laboral. Por un lado, la profesionalización no asegura acceder a trabajos dignos. Por otro, el no contar con estudios suficientes limita a las y los jóvenes a encontrar trabajos informales que no cumplen con las regulaciones necesarias. ¿Hasta cuándo las juventudes tendrán acceso a un trabajo y condiciones laborales dignas?
*Michel Maestro es colaboradora del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CentroVitoriaMX).
Información publicada en https://animalpolitico.com/analisis/organizaciones/la-dignidad-en-nuestras-manos/juventudes-trabajo-digno
