Mujeres fatigadas trabajando

El trabajo de cuidados y del hogar no remunerado no solo aumenta el estrés y la fatiga pandémica, sino que además limita las posibilidades de las mujeres para competir, cuando así lo deciden, en el mercado laboral

26/02/2022 

Salvador Guerrero Chiprés

La pandemia de COVID-19 ha provocado un retroceso de más de una década en la participación de las mujeres en el mundo laboral. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en 2019 la tasa de participación laboral de las mujeres era de 52%; para 2020 —primer año de la pandemia— ya había bajado a 46% al tener que cubrir el cuidado de menores de edad en educación desde casa y de adultos mayores.

El trabajo de cuidados y del hogar no remunerado no solo aumenta el estrés y la fatiga pandémica, sino que además limita las posibilidades de las mujeres para competir, cuando así lo deciden, en el mercado laboral y desde luego, disminuye su productividad porque están, en una palabra, agotadas.

Al ver duplicadas o triplicadas sus jornadas, se quedan sin tiempo para su autocuidado, lo que tiene consecuencias serias a nivel emocional y mental, incluida la manifestación de padecimientos como ansiedad y depresión.

Mariana, nombre ficticio para proteger su identidad, es una de las mujeres que nos ha buscado para pedir ayuda en la Línea de Seguridad y Chat de Confianza 55 5533 5533. En el primer contacto, estaba desesperada porque la habían despedido por conectarse tarde a unas juntas en zoom los días que uno de sus hijos estuvo enfermo de Covid-19; tampoco le dieron la liquidación que por ley le correspondía. Reportó altos niveles de estrés y cansancio, además de sentirse muy sola.

Cada día, en promedio, en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México recibimos peticiones de apoyo de 250 mujeres con necesidades muy diversas. Así como en las primeras olas de la pandemia alertamos sobre un incremento que parecía imparable en los casos de violencia familiar. En este último año hemos detectado un patrón que asocia mayor trabajo en oficina y casa desde la pandemia con deterioro en salud mental y de burnout que orilla a experiencias tan extremas como la ideación suicida.

Escuché hace unos días a Tal Ben-Shahar durante la conferencia magistral ofrecida en ocasión del 20 aniversario de la Fundación Televisa, dirigida por Alica Lebrija, quien define a la depresión como una tristeza sin esperanza. Sencillo y contundente, pero también muy preocupante si consideramos que la literatura internacional ya alerta desde hace meses de que la depresión es la siguiente pandemia.

Viene el 8 de marzo y toca a la comunidad entera unir fuerzas hacia un horizonte en que todas las mujeres puedan ejercer plenamente sus derechos, en el espacio público y el privado. La salud mental destaca entre ellos, acompañada de inclusión, equidad salarial, un sistema nacional de cuidados y varones conscientes de que nuestro rol resignificado es ser aliados, en todo el sentido ideológico, operativo y cotidiano de la expresión.

@guerrerochipres

Información publicada en: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/salvador-guerrero-chipres/mujeres-fatigadas-trabajando

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