Violencia simbólica


Margarita Arellano Hernández  

25de febrero de 2023

El sociólogo francés Pierre Bourdieu establece en la década de los setenta el término violencia simbólica, describiéndola como aquella violencia que no utiliza la fuerza física, sino la imposición del poder y la autoridad; sus manifestaciones son tan sutiles e imperceptibles que es permitida y aceptada por el dominador y el dominado. La violencia simbólica es la base de todos los tipos de violencia; a través de las costumbres, tradiciones y prácticas cotidianas se refuerzan y reproducen las relaciones basadas en el dominio y la sumisión.

Está presente en todas las relaciones sociales y en todos los niveles, en los cuales existe la asimetría entre el dominador, quien posee legitimidad, prestigio y autoridad, y el dominado, quien asume que el poder y quien lo tiene no se cuestiona y se somete.

Los espacios donde se presenta pueden ser el educativo, laboral, económico, etc., y a través de instituciones como la familia, la escuela, la Iglesia y los medios de comunicación se transmiten imágenes, mensajes, valores y normas que refuerzan los estereotipos de género y determinan los pensamientos, percepciones y acciones de las personas dentro del grupo social al que pertenece

La violencia simbólica impone y se reproduce en las jerarquías como las que se establecen en la relación adulto, niño, profesor, alumnado, médico y paciente la discriminación por cuestión de edad, raza, constitución física, orientación sexual; desigualdad e inequidad basada en el sexo, donde el poder lo tienen los hombres sobre las mujeres.

El micromachismo es la más sutil de las violencias simbólicas y lo lleva a la práctica de la violencia en la vida cotidiana que pasa desapercibida y marca la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres; además llega a naturalizarse.

Ejemplos: negar el valor del trabajo doméstico con frases como “no trabaja, se dedica al hogar”; usar nombres distintos para las mismas profesiones “chef, cocinera”; cuando la mujer logra desarrollarse profesionalmente se le presiona para que vuelva a su posición de dependencia y subordinación con frases como “estás descuidando a tus hijos, la casa está sucia, no te importa la familia”.

Los medios de comunicación masiva son un agente que reproduce la violencia simbólica, no sólo porque presentan a las mujeres como objetos, sobrevalorando los estereotipos de belleza imperantes en el contexto y la época, sino también porque las colocan en roles subordinados, limitados a las labores domésticas y de cuidado de niñas, niños, como es el caso de los comerciales de productos de limpieza, de electrodomésticos, de productos alimenticios, etc. La violencia simbólica permea todos los ámbitos, limita a hombres y mujeres y reproduce en esquemas de opresión, desigualdad y discriminación. Es importante visibilizar esas conductas sutiles que violentan los derechos humanos y limitan el desarrollo de las personas, y promover la equidad, igualdad y respeto en las relaciones humanas. La violencia simbólica no usa la fuerza ni la coacción, no se percibe de forma clara, legitima el poder simbólico, cuenta con la complicidad no consciente de quien la recibe, reproduce estereotipos de género y refuerza relaciones de dominio y sumisión. Los pensamientos, mensajes, imágenes y conductas son los mecanismos que utiliza la violencia simbólica para excluir, mediante la humillación y la discriminación, a quienes no se ajustan a los estereotipos que reproduce. Genera desigualdad de género, pero también fomenta la discriminación hacia grupos indígenas, personas adultas mayores, migrantes, grupos de la diversidad sexual, etc.; limita el desarrollo de las personas.

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Información publicada en: https://www.elsoldecordoba.com.mx/analisis/violencia-simbolica-9674909.html

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