Instituto Mora

 26/11/2023 

Por: Mateo Crossa Niell

Es cada vez más común enterarnos de que población migrante en México está siendo integrada con mayor frecuencia a la industria maquiladora de exportación, particularmente en las regiones fronterizas del norte del país. Esto resulta particularmente relevante en el contexto actual en el que las inversiones productivas crecen por el fenómeno de regionalización productiva (también conocido como nearshoring) donde México ampliará su lugar como abastecedor de bienes maquilados a EUA para hacer contrapeso al crecimiento manufacturero de China.

En este contexto, los medios empresariales se preocupan públicamente por las condiciones de infraestructura que hagan viable la llegada de las nuevas inversiones y el crecimiento industrial en el país. Se menciona una y otra vez que México se encuentra limitado frente al reto del nearshoring por carecer de espacios inmobiliarios industriales adecuados en cuanto a servicios para recibir a las corporaciones trasnacionales. Frente a esto, diferentes estados del país —particularmente en la frontera norte— están pasando por un proceso de ordenamiento territorial marcado por la expansión acelerada del uso de suelo para a servicios industriales.

Mientras la expansión de parques industriales está en el orden del día de la narrativa empresarial, poco se dice sobre la creciente incorporación de población migrante a las líneas de producción de la maquila, a pesar de la enorme atracción que esto significa para las corporaciones trasnacionales que se instalan en México buscando bajos salarios. En lugar de promover un aumento significativo y relevante de los ingresos a las familias obreras, las empresas maquiladoras apuestan a aprovechar la condición de vulnerabilidad, fragilidad y criminalización en la que se encuentra la población migrante en México para incorporarla como fuerza de trabajo industrial. Todo ello con pleno apoyo del Estado mexicano.

Pero este proceso no es nuevo. La maquila en México siempre se ha nutrido de la gestión de la migración para perpetuar bajos salarios. Desde sus orígenes, en la década de los años 70 del siglo pasado, la maquila se nutrió del enorme ejército industrial de reserva que se creó en el campo México luego de las destructivas políticas económicas neoliberales que lastimaron profundamente el tejido de la producción campesina en el país. De hecho, es posible argumentar sin titubeo que hubiera sido inconcebible el crecimiento exponencial de la maquila en la frontera norte sin las políticas de privatización y abandono del campo mexicano.

A partir de aquellos años (especialmente en la década de los años 90 con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN) el campo mexicano se convirtió en un enorme reservorio de mano de obra barata: una parte de la población campesina migró a EUA para involucrarse en los segmentos más empobrecidos del mercado laboral de aquel país. Otra parte migró hacia el norte del país para integrarse a la industria maquiladora. Millones de migrantes empobrecidos y despojados del centro y sur del país se trasladaron hacia la frontera norte para nutrir a las industrias maquiladoras con fuerza de trabajo barata, joven y feminizada.

Pero con el terror provocado por la llamada ‘guerra contra el narco’ y la crisis económica de 2008, las ciudades de la frontera del norte de México pasaron por una fuerte contracción que, en algunos casos, inclusive, se tradujo en un estancamiento demográfico de algunas ciudades como Juárez y Tijuana. La maquila dejó de ser una opción viable para generar estabilidad en la reproducción de la

vida de las miles de familias que huyeron de la violencia, los bajos salarios y la precariedad laboral. Frente a este escenario, las empresas maquiladoras se han enfrentado a una falta de demanda de trabajo que no han logrado resolver. Los raquíticos ingresos y la desgastante intensidad de trabajo en esta industria hacen que la rotación laboral en esta industria sea particularmente elevada, y que las ‘vacantes disponibles’ nunca se ocupen, o sólo se tomen de forma temporal.

Pero las empresas maquiladoras están en México precisamente por los bajos salarios y la elevada intensidad laboral que pueden lograr en el piso de las fábricas (es decir, que están en México porque hay una política laboral que ha agraviado a la clase trabajadora). Por tanto, antes de aumentar el salario significativamente y menguar el desgaste obrero para reducir la falta de demanda de trabajo en esta industria, buscarán por todos los medios posibles mantener las condiciones precarias de contratación imperantes. Para ello están encontrando en la mano de obra migrante una válvula de escape que les permita perpetuar la precariedad laboral y así llenar los ‘puestos vacantes’.

Ayer, eran las familias campesinas que desposeídas de sus tierras migraban hacia la frontera maquiladora; hoy, la frontera maquiladora nuevamente crece por la relocalización productiva y el nearshoring. En este contexto, al largo éxodo de familias trabajadoras mexicanas que migraron del sur del país, se suma la diáspora de migrantes centroamericanos, caribeños y conosureños que a cuentagotas y en medio de una política antinmigrantes securitizada que criminaliza el libre tránsito de personas, van poblando las naves industriales para hacer posible la tan anunciada y nunca alcanzada bonanza macroeconómica de México.

El volumen del ruido triunfalista que celebra con bombo y platillo los beneficios del nearshoring para México sólo oculta el agravio cada vez más profundo a la población trabajadora que, desamparada y expulsada de sus países de origen, no encuentra más medios de sobrevivencia que someterse a las líneas de producción maquiladora. De la explotación sobre esta población dependerá que la economía mexicana aparezca con cifras elocuentes de comercio exterior en el ranking global y que las cámaras empresariales y la clase política salgan a decir al mundo que México es nuevamente una ‘potencia manufacturera’.

Mateo Crossa Niell.

Profesor investigador del Instituto Mora. Doctor en Estudios Latinoamericanos y en Estudios del Desarrollo. Sus líneas de investigación giran en torno a la economía política, desarrollo y dependencia en América Latina, poniendo especial énfasis en la reestructuración productiva internacional y el mundo del trabajo.

Información publicada en: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/instituto-mora/migracion-nearshoring-y-maquilas/

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *