Luis Arriaga Valenzuela, S. J.

noviembre 22, 2023

La igualdad de género en el acceso a derechos humanos es básica para avanzar en la construcción de un mundo pacífico y sostenible. Las mujeres y las niñas conforman la mitad de la población global, lo que implica que su perspectiva es indispensable. No obstante, a pesar de los avances notables que se han logrado en este rubro, el camino aún presenta desafíos significativos.

A nivel mundial, las mujeres continúan enfrentando una brecha salarial del 23 % en comparación con los hombres en el ámbito laboral, además de dedicar aproximadamente tres veces más tiempo que los hombres a trabajos domésticos y de cuidados no remunerados. En el caso de México, el IMCO señala que muy pocas mujeres en edad productiva entran a la economía remunerada y la mayoría de ellas —un 70 %— ganan menos de dos salarios mínimos. En este sentido, la lucha por la igualdad de género no sólo es una cuestión de justicia social, sino también un factor crítico para el desarrollo económico y social de una nación en el largo plazo. Se trata de una lucha que siempre milita a favor de la innovación, el progreso y el desarrollo sostenible.

Ahora bien, abordar este desafío exige que seamos capaces de situarlo en el marco de un panorama global más amplio. Hablar de desigualdad de género en este momento es hablar de cuestiones geopolíticas, sociales y tecnológicas especialmente complejas. Nos enfrentamos a fenómenos como la Cuarta Revolución Industrial y sus efectos sobre la manera de concebir la prosperidad económica de nuestras sociedades; a una emergencia climática que guarda relación con un consumo insostenible de combustibles fósiles; al retorno de la guerra en Eurasia y Medio Oriente, alimentada por desequilibrios geopolíticos crecientes y, finalmente, al incremento de la violencia en América Latina. Se trata, en suma, de fenómenos que están causando sufrimiento humano y actúan en contra de la construcción de una sociedad de derechos.

En todos estos ámbitos el papel de las mujeres es doble: por un lado, ellas han sido y son víctimas de fenómenos que guardan relación con dinámicas de violencia estructural difíciles de atajar; por el otro, ellas son protagonistas de los cambios que necesitamos. Así, aproximarse a esta agenda desde una mirada universitaria exige adoptar el rigor propio de todo quehacer académico. Por ello, requerimos la intervención activa de investigadoras e investigadores comprometidos, que puedan comprender y analizar la interconexión de dichos problemas para imaginar soluciones integrales.

Como universidad confiada a la Compañía de Jesús, en la Universidad Iberoamericana prestamos especial atención al modo en el que nuestra tradición intelectual y espiritual se ha aproximado recientemente a estos temas. Así, por ejemplo, damos especial atención a la encíclica Laudato Si’, dada a conocer en 2015 por el Papa Francisco. En ella se subraya el papel vital que desempeñan las personas dedicadas a la investigación en la búsqueda de respuestas a la emergencia climática, especialmente en su interrelación con muchas de las cuestiones ya mencionadas previamente. Apenas en mayo, la Ibero celebró la Semana Laudato Si’ 2023 con el propósito de llamar la atención de nuestra comunidad universitaria sobre la urgencia de actuar en favor del cuidado de nuestra Casa Común.

Por lo demás, muchos de los desafíos que enfrentamos se relacionan con una dinámica de cambio sociotecnológico de alcance global. De ahí la insistencia en la educación STEM; es decir, la formación en materia de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, que en la Ibero se completa con una dimensión adicional: el cultivo de las artes y las humanidades. Dicho de otro modo, una educación STEAM.

A decir de uno de los últimos reportes de la Unesco en este ámbito, las habilidades STEM/STEAM son esenciales para los empleos del futuro. En el marco de un panorama nacional y global definido por la creciente interconexión de los procesos productivos y las tendencias socioeconómicas, el acceso a una formación científica adecuada es un requisito fundamental para que las personas mejoren su calidad de vida.

Como se señala en este mismo informe, las estadísticas apuntan que una mujer consigue un puesto de trabajo en los campos STEM por cada cuatro hombres que lo hacen. Las causas de esta baja participación de las mujeres son muchas e incluyen estereotipos de género, discriminación en aulas y carreras específicas y la falta de políticas de cuidado con perspectiva de género que respalden el progreso de las mujeres en estas áreas.

En este marco, a lo largo de la última década diversas instituciones, entre las que se encuentran gobiernos, empresas, universidades, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, han implementado iniciativas destinadas a reducir la brecha de género en materia STEAM. Por ejemplo, ONU Mujeres —en colaboración con otras instituciones públicas y privadas— lanzó la Asociación Mundial para la Igualdad de Género en la Era Digital, conocida como “EQUALS”. Esta iniciativa implementó en Argentina y Brasil el proyecto “Tech4Girls” con el objetivo de fomentar la confianza de las niñas en disciplinas STEAM mediante el desarrollo de habilidades tecnológicas e informáticas. Se trata de uno de muchos ejemplos que forman parte de una tendencia general encaminada a reducir la brecha de género en STEM.

Esto, sin embargo, no es suficiente. Para comprender plenamente el impacto de estas iniciativas y la importancia de la educación STEAM al momento de abrir nuevas avenidas de influencia política y social para las mujeres, es necesario reconocer el papel crítico que han desempeñado los estudios de género en la redefinición de nuestra perspectiva sobre este tema.

Ya lo decía Donna Haraway cuando apuntó que dichos estudios han influido en nuestra comprensión del medioambiente y en la necesidad de construir un mundo más integral y menos binario. Se trata de una “invitación a ampliar las estructuras de parentesco a ‘parentescos raros’, velando por relaciones de solidaridad y lazos que contemplan la respons-habilidad de los unos con los otros, negándose a pensar que esto es algo exclusivamente humano”. Dicho de otro modo, Haraway abre las puertas a la posibilidad de aproximarse a las realidades de este mundo con otros ojos.

Así, a lo largo de las últimas décadas, se ha desarrollado un conjunto heterogéneo de reflexiones epistemológicas y metodológicas dentro de las teorías feministas con el propósito de eliminar el sesgo de género en la producción científica. Si bien cada postura tiene sus propias particularidades, estos enfoques se caracterizan, sobre todo, por la necesidad de reflexionar constantemente sobre las asimetrías de género como parte integral de la vida social.

Siguiendo con esta idea, para desarrollar políticas públicas efectivas que aborden las desigualdades y las violencias de manera significativa, es crucial adoptar un enfoque de interseccionalidad. Este concepto, acuñado por la académica Kimberlé Crenshaw en 1991, se refiere a la idea de que las estructuras de opresión pueden ser múltiples y simultáneas. Este enfoque reconoce que las personas experimentan la discriminación y la desigualdad de maneras únicas y específicas determinadas no sólo por su género, sino también por otros factores como la raza, la etnia, la orientación sexual, la clase social, la discapacidad y otros.

Al trasladar la reflexión sobre la equidad de género a nuestra región, la interseccionalidad se convierte en un concepto fundamental. En términos generales, las niñas y mujeres de América Latina pertenecientes a comunidades indígenas, con bajos recursos económicos o que se identifican como LGTBI+, enfrentan una severa subrepresentación y diversos “techos de cristal” que dificultan su acceso a puestos de alto poder y a salarios dignos. Para atender esta agenda, en 2015 la Ibero creo su Programa de Género e Inclusión con el objeto de consolidar una cultura institucional que permita dar respuesta a “la violencia por razón de género o cualquier forma de discriminación que se cometa contra integrantes de la comunidad universitaria, y contribuir así desde el espacio universitario a la construcción de la paz en México”.

No obstante, a escala regional es imperativo reconocer que América Latina vive a la sombra de un momento desafiante para hacer valer los derechos de las mujeres y de muchas minorías. En un continente donde los feminicidios y las violencias de género persisten como agravio permanente a los derechos humanos, el quehacer de quienes se dedican a la investigación académica adquiere una relevancia aún mayor. Esto es así porque ese quehacer nos permite entender la complejidad del panorama social en el cual se inscribe esa violencia.

En este contexto, es esencial destacar la importancia de la inclusión de la perspectiva de género en la ciencia, la tecnología y la innovación. Esta perspectiva nos obliga a considerar el hecho de que las diferencias de género afectan todos los aspectos de una investigación. Por ello, es fundamental promover una participación igualitaria de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la investigación. Esto implica cuestionar los sesgos que existen al considerar a un único sujeto, especialmente masculino, como objeto o paradigma de estudio.

Tomando en cuenta este panorama, hace unos meses, desde la Universidad Iberoamericana y su Patronato decidimos lanzar una convocatoria con el objetivo de distinguir a ciertas académicas que consideramos como pilares de la estructura de conocimiento que se construye diariamente en la Ibero. De 270 investigadores y 157 SNIs que orgullosamente conforman nuestra red de investigación, estas mujeres sobresalientes se definen por su trayectoria de aportaciones sustantivas a la generación de conocimiento de calidad, pertinencia e incidencia social.

En esta primera edición del “Reconocimiento FICSAC-Ibero a Mujeres Pilares de la Investigación”, honramos a cuatro académicas excepcionales que han desafiado estereotipos y han contribuido significativamente a la generación de conocimiento en campos diversos. Distinguimos, en primer lugar, a la doctora Carmen Bueno Castellanos que, desde la antropología social, ha investigado las transformaciones de los procesos de producción y consumo en el mundo globalizado. También, premiamos a la doctora Gloria Prado Garduño que destaca en la teoría y crítica literaria actual, los estudios de género y los estudios culturales. A su vez, también le extendimos este reconocimiento a la maestra Lorena Pedraza Segura que, con sus proyectos de biotecnología, bioprocesos y biorrefinerías, busca el balance entre la salud humana, el medio ambiente y la economía de los agricultores mexicanos. Finalmente, premiamos a la maestra Sylvia Schmelkes del Valle quien además de haber recibido recientemente un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Colima, es ampliamente conocida por su investigación en los campos de la calidad de la educación básica, la educación de adultos, la educación intercultural y la formación en valores.

Estas investigadoras han demostrado un compromiso excepcional con la docencia al transformar las aulas en espacios de pensamiento crítico y desarrollo personal. De cierto modo, ellas representan eso que bell hooksapunta cuando dice que “el motor del pensamiento crítico es el anhelo de saber, de comprender cómo funciona la vida”.

Así, las cuatro estudiosas que reconocimos en la Ibero abrazan esa premisa fundamental: la curiosidad innata de quienes forman parte de una comunidad universitaria debe ser cultivada y nutrida en todo momento. Se trata, en suma, de docentes e investigadoras que ejemplifican lo que la misma hooks llama “pedagogía del compromiso”. Es decir, inculcar en sus estudiantes la capacidad de abordar todas las facetas del pensamiento. Dicho de otro modo, analizar los diferentes lados de un fenómeno y mantener la apertura frente a nuevas evidencias.

Deseo cerrar con una reflexión adicional. En la Ibero creemos que la docencia, la investigación y la vinculación transforman y empoderan. Son tres pilares que dan cimiento a nuestra misión como agentes de cambio social. En el marco de su 80 Aniversario, la Ibero reconoce estos pilares como punto de partida del proceso de consolidación del modelo universitario que necesitamos para avanzar hacia el futuro. Un modelo que aspira a vincular la excelencia académica con la incidencia sobre la realidad social de nuestro tiempo. Al reconocer y celebrar a estas destacadas académicas, la Ibero asume un compromiso claro: debemos trabajar para garantizar que todas las personas, sin importar su género, tengan igualdad en sus trayectorias profesionales. Esto implica erradicar el acoso y la violencia en las aulas, así como poner en evidencia y abordar de manera crítica los sesgos y la parcialidad en los estudios e investigaciones. Este enfoque en la equidad de género y la promoción de las voces y perspectivas de las mujeres en la investigación es esencial para abordar los desafíos actuales y futuros que enfrenta nuestra sociedad. Sólo así alcanzaremos un progreso real y sostenible en todas las áreas del conocimiento.

Luis Arriaga Valenzuela, S. J.
Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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