Nicolás Juárez Caraveo 

04 agosto 2024

En los últimos días, hemos sido testigos cómo el nuevo sindicalismo no acaba de emerger: las viejas prácticas y la sumisión de los trabajadores simplemente no permiten que en México existan sindicatos con mayor independencia y por lo tanto mayor compromiso con la base trabajadora, con quien se supone tienen su compromiso y razón de ser.
La elección en la sección VIII de la nueva dirigencia del Sindicato del Seguro Social fue un claro ejemplo de que por un lado los trabajadores desean participar, pero por otro las dirigencias no están muy convencidas de la necesaria democracia. 
Si bien la reforma laboral reciente ha tratado de cambiar el paradigma del sindicalismo en México, estos cambios han sido muy lentos, a pesar de una nueva ola de organizaciones independientes que buscan emerger, pero su gran error es que arrastran los mismos vicios y no anteponen al trabajador, siguen buscando el poder.
Sobre el proceso electoral que se observó aquí en Chihuahua, tanto trabajadores como los líderes de siempre pudieron observar como afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social se manifestaron en el evento que era sólo de trámite, por estar en contra de los resultados del proceso de elecciones que habrían favorecido al candidato Jorge Herrera.
Los organizadores tuvieron que solicitar la intervención de los cuerpos de seguridad porque simplemente no pudieron frenar las protestas, que si bien empezó una sola planilla varias más se unieron ante la cerrazón de la dirigencia nacional.
Pese a las protestas, de manera arbitraria y tratando de aplastar los voces discordantes, la dirigencia nacional del Sindicato del Seguro Social reprobó los hechos y aseguró que “no hay motivos para un acto de este tipo”, que no se presentó ninguna impugnación.
Con la mano en la cintura y a pesar de las protestas se apresuró a informar que “en cumplimiento con nuestros estatutos el periodo de impugnaciones a candidatos se llevó a cabo del 12 al 18 de julio sin registrarse ninguna. De esta manera, el señalamiento de que hubo un fraude electoral no tiene sustento”.
Así es como actúa el nuevo sindicalismo, grita a los cuatro vientos que defenderá el voto libre, secreto y directo, pero con los hechos queda claro que siguen las mismas costumbres, los mismos vicios y simulaciones.
Sobre este proceso hay que decir que la gente acudió a votar mucho más allá de lo esperado, de un padrón electoral conformado por 16,446 miembros, el número de votantes fue de 12,040 que corresponde al 73.15% del total, una votación histórica que sin duda sobrepasó la misma capacidad de los organizadores, en otras palabras ni ellos esperaban ese nivel de participación.

Es cierto, al haber 10 opciones era previsible  que fuera una votación muy dividida, pero aun así se pudo observar una participación activa, en otras palabras los trabajadores del IMSS están conscientes de que su voto puede marcar la diferencia, ahora es tiempo de que también busquen mejores caminos de negociación y empatía que les permita presentar planillas más sólidas.
Si la decisión del Comité Ejecutivo Nacional, que por cierto el próximo mes de septiembre se renovará, es mantener a Jorge Herrera al frente del sindicato aquí en el Estado, deberá de manera urgente empezar una labor de acercamiento con los perdedores, y lograr tranquilizar las aguas al interior del IMSS.
La reforma laboral que ha permitido a los trabajadores elegir libremente a sus dirigencias sindicales, inició en 2017 con una reforma constitucional, siguió en 2019 con cambios a la Ley Federal del Trabajo (LFT) presionados por el T-MEC y terminó con un periodo de transición de implementación de cuatro años que se prolongó hasta el 1 de mayo del 2023.
Con estas nuevas reglas se están impulsando una recomposición del sindicalismo, el cual se niega a morir y la falta de talento tanto de autoridades como de los mismos trabajadores no se observa cuando pueda cambiar.
En México, 12.7% de las personas con un trabajo subordinado están sindicalizadas. Eso quiere decir que un poco más del 87% no cuenta con la estabilidad y seguridad laboral que le otorga un contrato colectivo de trabajo (CCT), ni la protección de un sindicato.
Ah, pero en las áreas laborales de gobierno, ahí se encuentran enquistados los sindicatos mas fuertes y poderosos.
El sindicalismo en México ha sabido transformarse, pero sólo de colores partidistas, porque las prácticas siguen siendo las mismas, tan sólo como ejemplo en el pasado proceso electoral quedó documentada la actividad férrea de las centrales obreras en el proceso electoral presidencial, y claro apoyando principalmente a la candidata del sistema Claudia Sheinbaum.
Fue muy claro el apoyo que Morena y todos sus aliados en la Cuarta Transformación contaron con el apoyo de los tres sindicatos más poderosos de todo México: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el Sindicato Petrolero y el Sindicato de Electricistas que en total sumarían, 2 millones 100 mil afiliados, y un gran ejército de votantes.
Así que con nuevas reglas, y hasta nuevas caras, el sindicalismo en México sigue siendo el mismo, un lastre para los trabajadores.

Información publicada den https://eldiariodedelicias.mx/opinion/2024/aug/04/sindicatos-oportunidad-o-lastre-para-los-trabajadores-638095.html

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