Por Manuel Fuentes

16/8/2022 

Cuando conocí a los primeros sindicatos estaban la mayoría tomados por líderes sindicales como capos, rodeados de golpeadores que amenazaban a los trabajadores. No rendían cuentas a nadie y las cuotas sindicales solo eran un botín. Cualquier trabajador inconforme salía despedido, y los demás inmovilizados, salvo raras excepciones. Eran de los liderazgos de sindicatos viejos, que muchos aún permanecen.

En el reciente encuentro organizado por la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD) y la Asociación Latinoamericana de Abogados y Abogadas Laboralistas (ALAL) celebrado en la Ciudad de México entre el 3 y 5 de agosto pasado, se dieron expresiones críticas a los sindicatos de hoy.

El magistrado Héctor Mercado López se refirió a las perversiones que cometen los líderes sindicales, que sólo velan por sus intereses propios, siendo ellos los más importantes y que tienen como práctica dar la espalda a los trabajadores.

En el mejor de los casos, los sindicatos que representan a “sus” agremiados son como una cofradía, al no buscar un beneficio general, y esta actitud individualista, aunque sea de manera inconsciente es propia del neoliberalismo.

Las organizaciones sindicales que sólo ven por sus intereses personales toman un camino irreversible para destruirse a sí mismos. No necesitan de enemigos externos para que esto ocurra.

Los sindicatos actuales se olvidan de los trabajadores a su alrededor; hasta los ven como entes extraños. A los no sindicalizados los clasifican de apestados, de personas no aptas para ocuparse de ellos. No los apoyan, prefieren que se pudran en sus problemas y no les interesa crear mecanismos para acercarlos.

El magistrado Mercado, precursor del voto secreto en nuestro país a través de las sentencias que luego se convirtieron en jurisprudencia, arremetió contra los sindicatos inmovilizados que desconocen la palabra solidaridad.

Mencionó la necesidad de que las organizaciones sindicales tengan grupos de activistas que organicen a los trabajadores más allá de su entorno. Hacer crecer la tasa de sindicación que va a la baja a pesar de las reformas laborales.

Que haya escuelas de cuadros que formen dirigentes sindicales con una visión social y no únicamente gremial. Hacer de los sindicatos instrumentos para reivindicar no sólo a los agremiados propios, sino al resto de trabajadores que no se encuentran organizados.

Enfatizó la urgencia de que las mujeres participen en la dirección de los sindicatos ya que son las más afectadas por percibir un menor salario, sufrir acosos, contar con las peores condiciones de trabajo y la falta de apoyo de sus compañeros.

Acusó que la reforma laboral les da a las mujeres una participación proporcional en la dirección de los sindicatos, pero generalmente se les otorgan cargos marginales que no inciden en una visión que mejore sus condiciones de trabajo.

Sentenció el magistrado, a pesar de estar fuera de su tribunal, que para lograr una verdadera justicia social se requiere que sean las organizaciones sindicales con una visión global las que defiendan los derechos de los trabajadores, y no los tribunales.

Esa afirmación es cierta, muchos trabajadores consideran que los tribunales están creados para hacer justicia y en la realidad ocurre todo lo contrario. Son verdaderos refrigeradores de la justicia social que inmovilizan la amplia lucha de los obreros. La mayor parte de las resoluciones son en su contra.

No debemos olvidar que a la fecha continúan asuntos coyunturales que impactan la disminución y atomización sindical en México:

  • Se confunde el ejercicio de la libertad sindical con la creación de más sindicatos en un centro de trabajo que sólo dividen a los trabajadores y disminuye su fuerza.
  • Hay ausencia de programas de capacitación en que se enfatice el sentido social del derecho laboral.
  • Los sindicatos, o la mayoría de ellos, sólo existen en tiempos de revisión de los Contratos Colectivos.
  • No hay un proyecto de un sindicalismo con sentido ni responsabilidad social, sólo se importan ellos mismos.
  • El intervencionismo empresarial, que a la fecha sigue siendo un factor real de poder.
  • Los Sindicatos y Contratos de Protección.
  • La subcontratación.

En esa conferencia Marco Pozzi, un sindicalista argentino, aseveró que son los delegados de fábrica los que construyen día a día el derecho laboral y no los abogados o los jueces. Es en esa trinchera de la empresa, donde los que están en el piso más abajo de la estructura sindical son los que con sus argumentos de defensa obrera con el capataz, con el jefe inmediato crean mayor justicia que los propios tribunales investidos de juristas de cuello blanco que nada saben del trabajo fabril.

Podremos observar sindicatos que envejezcan hasta su desaparición; otros que defiendan su posición actual, interesados únicamente en los sectores económicos más fuertes o que tengan una relación de empleo formal, a costa de los trabajadores precarios o de los menos representados.

Otros sindicatos enfrentarán la competencia con otras organizaciones que podrían llegar a sustituirlos, como aquellas gestionadas directamente por los directivos de las empresas, sin la participación de las constituidas por los trabajadores.

Es por lo que, hoy más que nunca se requiere que los sindicatos se revitalicen, salgan de ese lodazal en el que se encuentran para reforzar el dialogo social eficaz que incluya a otros grupos de trabajadores, como los que se hallan en la economía informal o en las plataformas digitales, y permitan asegurar una gobernanza interna fuerte que actúe de la mano con la transparencia en su gestión, fortaleciendo sus acciones más allá del centro de trabajo.

El futuro de las organizaciones sindicales no depende de la ley, ni de los tribunales, ni de los abogados de corbata torcida, ni de los jueces de la toga barata sino de los trabajadores organizados de manera conjunta que dejen de lado a esos sindicatos viejos carcomidos que tanto daño les hacen.

DE OTROS AVATARES

Se ha prolongado demasiado el rescate de los diez mineros atrapados en Sabinas Coahuila, a pesar de la presencia de cientos de militares que se tropiezan unos con otros y que han retrasado inexplicablemente la presencia de rescatistas de la zona y de expertos internacionales.

Los avances han sido escasos; no han podido rescatar a los mineros ni evitar la repetición de estos hechos; pero tampoco se han modificado las lamentables condiciones de trabajo que tienen los mineros del carbón.

¿Es inexperiencia? ¿incapacidad? ¿Complicidad gubernamental? Se trata de la prevalencia de un discurso político mentiroso ante la dura realidad de los trabajadores mineros que viven en medio de la inseguridad e impotencia.

Información publicada en: https://lasillarota.com/opinion/2022/8/16/sindicalismo-que-envejece-388571.html

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