Mesa de Análisis “Evaluación de la justicia laboral en México. Avances, Desafíos y Oportunidades” convocada por el Observatorio Ciudadano de la Reforma Laboral, el 4 de marzo 2024, en la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México
02 abril 2024
Por GJV/RMS/Comunicación
Doctor Pablo Franco Hérnández
Decir que no voy a recurrir al lugar común de decir que hace falta presupuesto, porque hace falta presupuesto y hace falta también que los operadores del sistema exijamos presupuesto. Hace falta que tengamos en nuestro sistema jurídico laboralistas y a eso me voy a remitir. No tenemos laboralistas en este país que vean el derecho laboral desde su visión social.
Y eso hace que nos encontremos jueces que quieren aplicar el estricto derecho a una rama que no lo permite. Que tiene como función la búsqueda de la justicia social. Y que en su propio articulado nuestra norma laboral establece, desde el artículo artículo 2, desde el artículo 3, el artículo 18 nos hablan claramente de un derecho de clase. Que no debiera aceptar posiciones como las de algunos jueces, que los hemos visto. Están muy comprometidos con el viejo sistema, con la paz laboral. Paz laboral que se ha entendido en este país como que los trabajadores no ejerciten sus derechos, no reclamen sus necesidades, ¿por qué? porque tienen que agradecerle al que les dio empleo, porque en este país pareciera que es un acto patriótico crear empleo, no importa la calidad del empleo, y no importa, porque dentro de la otra parte, de la parte de los operadores jurídicos como nosotros, tampoco vemos el derecho como un fenómeno social, sino como un negocio, y esto nos lleva a lo que estamos viviendo hoy día: Jueces preocupados por mantener la estabilidad de las empresas sin valorar la calidad del trabajo que se presta y la justicia que hay que hacer, pero además que se vuelven a veces vengativos contra el abogado que les gana un amparo, y esto creo que representa nuestra falla cultural en el sistema.
¿Por qué tenemos esta falla cultural? Porque tenemos 50 años de un modelo económico donde hay que cuidar la paz laboral, hay que glorificar al que crea el empleo. Pero además porque en las universidades no se nos enseña derecho laboral, se nos enseña a ganar juicios para ganar dinero, no se nos enseña que el derecho laboral cumple una función dentro de una economía, que cumple una función, debe cumplir una función en la búsqueda de la justicia social. Y la justicia social implica hacer más chica o eliminar la diferencia entre los que más y menos tienen.
Venimos de un sistema donde la contratación colectiva ha sido una farsa, por lo tanto las personas trabajadoras no tienen en su fuente de trabajo un mecanismo de solución de conflictos, mucho menos de prevención. Por eso es que es necesario que las personas tengan que llegar necesariamente a la judicialización de sus conflictos. Conflictos que cualquier abogado que se precie de serlo sabe que cuando se presenta un cliente muchas veces no tiene nada que ver su asunto con un despido, pero cuál es la forma de rentabilizarlo? Convirtámoslo en un despido, para obtener recursos, pero eso es, insisto, eso es lo que nos enseñaron en las universidades. En las universidades no se nos ha enseñado que los derechos laborales son derechos humanos, no se nos ha enseñado que la negociación colectiva es un derecho humano y es el mecanismo idóneo para promover la justicia social, para promover la retribución justa del salario, para promover una convivencia en la fuente de trabajo donde se prevengan conflictos y eventualmente se resuelvan conflictos mediante la autocomposición que promueve el diálogo social.
Y, evidentemente en los últimos 50 años todo esto es ciencia ficción y hoy día teniendo nuestra reforma laboral como objetivo central promover los derechos colectivos vemos cómo nuestros tribunales individuales son los que se saturan porque aún no estamos en condiciones de tener un ejercicio de la libertad de asociación y ya no hablo del tercer elemento de los derechos humanos laborales colectivos que es la huelga, porque todavía nos encontramos jueces que nos dicen oiga antes de ratificar la huelga piensen los trabajadores
Pues la huelga es un derecho de los trabajadores pero se piensa que la huelga como derecho máximo de los trabajadores es una afectación hacia los propios trabajadores. Incluso se piensa en la huelga con algo satánico. Cuando hay un arreglo en una empresa dicen se conjuró la huelga como si fuera un demonio.
Pero ese es nuestro derecho laboral y eso es lo que permea entre nuestros jueces, entre nuestros abogados, pero también entre las personas trabajadoras que encuentran en la gestión individual de cualquier conflicto en la fórmula de obtener algún dinero.
La justicia laboral en México se entiende cómo recibir una indemnización. Si se puede inflarla mejor, porque es de la pequeña gotita de justicia que puede tener esa persona trabajadora que fue humillada, que fue acosada, que le robaron sus propinas, que lo que sea. Cuando lo natural, debiera ser que existiera una gestión colectiva de sus derechos, que desde el Estado se hubiera promovido una gestión colectiva de sus derechos, que la persona se asuma como trabajadora, porque esa es otra vía. Los juicios laborales en una gran cantidad tienen como finalidad obtener el reconocimiento de la relación laboral, porque nuestro propio modelo tiende a buscar la ilusión, a propiciar la ilusión para el empleador que nos hace el honor y el favor de crear empleo.
Por supuesto que tendrá su mérito social en crear empleo, pero el mérito social debe estar en crear trabajo decente, que es lo que nos está haciendo falta y que es lo que sí debiéramos reconocer, pero que desde nuestro ámbito jurídico de nuestro modelo de justicia social lamentablemente no lo estamos promoviendo, no estamos en condiciones de promoverlo, porque nuestro sistema de justicia social lo que hace es resolver estos conflictos, pero también cuando buscamos la gestión colectiva nos encontramos en que no tenemos cuadros preparados para ello, los que son abogados, qué les enseñaron en derecho colectivo del trabajo en la universidad.
¿Cuál es mi planteamiento? Hace falta presupuesto, pero hace más falta una cultura de derecho laboral, de derecho del trabajo, de derechos humanos laborales, no sólo en los jueces, ahí urge también, o quizás más urgente, pero también urge entre los operadores jurídicos a nivel de empresa, a nivel de sindicatos y a nivel de despachos laborales.
Muchos compañeros que se dedican al litigio individual ahora dicen que están deconstruyéndose para dedicarse a otras materias, porque consideran que ya no es negocio, porque esa es la visión que se nos ha enseñado en las universidades.
Pero además, hoy día que estoy yendo otra vez a la universidad, pues me encuentro que entre los jóvenes que ocupan las cátedras, la mayoría tiene información de despachos patronales. Porque, ¿dónde más se va uno a formar? No tenemos como en otros países influencia de los sindicatos en las universidades. Por ejemplo, nosotros que hemos estado en Castilla -La Mancha, vemos claramente cómo la impronta presente en la currícula es la necesidad de formar cuadros para gestionar conflictos, primero en el ámbito individual y cuando ya no hay otra salida, primero en el ámbito colectivo y cuando ya no hay otra opción, en el ámbito individual. Prevenir el conflicto desde la negociación colectiva.
Y eso es, justamente, el cambio cultural que necesitamos empujar. Tenemos una normativa, a partir de nuestra reforma del 2019, que promueve la conciliación. Y los abogados están fuera de la conciliación, y se quejan. ¿Pero qué hacen? Quejarse. ¿Y eso qué resuelve? Nada. Nos encontramos muchas críticas al modelo. Pero nos asumimos como incapaces de influir, como incapaces de incidir. Justamente por esa impronta individualista que tenemos todos.
No asumimos, como abogados, que también somos trabajadores y que también tenemos derechos y que quizá ahí se está violando nuestro derecho al no permitirse nuestro acceso a la conciliación. Y a alguien se le ha ocurrido algún día llegar con su amparo para exigir que se le deje participar. No, porque cuesta dinero, no tengo tiempo, mejor alguien que se haga cargo del asunto. Y ese es un riesgo, insisto, nos faltan abogados laboralistas. La tendencia de la ley es promover la negociación colectiva auténtica. Sin embargo, mientras se nos van presentando más casos hoy día, los pocos que hemos tenido, vemos la falta de cuadros para atender ese tipo de asuntos.
Cómo lo vamos a resolver, por supuesto, en las universidades, pero también desde la práctica, también desde los sindicatos, los sindicatos debieran promover la formación de cuadros. Y nosotros como operadores, como abogados litigantes, debiéramos asumir que debiéramos estar interviniendo, exigiendo que se nos escuche para las definiciones de los tomadores de decisiones. ¿Sí? ¿Por qué no? Convertirnos también en tomadores de decisiones. Creo que las críticas son muy fáciles, la autocrítica puede ser más difícil, yo lo hago desde la autocrítica, porque me considero un operador del sistema y lo he sido a lo largo de mi vida. Yo luego les digo a los compañeros, me ha tocado estar en toda la cadena de valor, desde dirigente, funcionario, en fin. Pero esto me demuestra…
que el sistema tiene fallas, pero no podemos estar esperando a que venga un presidente, un jefe de gobierno, un gobernador, alguien a resolverlo.
Debíamos asumir desde litigio una actitud proactiva para exigir los derechos de nuestro cliente en el entendido de que no es malo que sea un negocio de litigio. Es muy buen negocio, pero que no podemos estar pensando, por ejemplo, que a un país le interesa o le conviene que como ya no es negocio cierto tipo de litigio, entonces ahora los profesionales del derecho tendrán que dedicarse a otra cosa.
Concluyo planteando, resumiendo un poco mi propuesta. Debemos ser actores del cambio, debemos ser muy críticos, y creo que hay muchos espacios donde ya se han señalado qué es lo que está mal del modelo. ¿Cómo las resolvemos? A veces ni siquiera en el litigio. Tenemos la capacidad de influir porque nos acogemos a la suplencia de la deficiencia de la queja. Claro, también luego los magistrados, aunque uno no lo mencione, aunque no lo apliquen, dicen la suplencia de la deficiencia de la queja. Y está diciendo lo mismo que yo dije en mi amparo. Pero bueno, pero creo que la autocrítica no nos haría mal. Hay muchos espacios para la crítica y para mí la autocrítica es esta dejadez, esta de no asumirnos como ciudadanos del mundo del trabajo, para hacer valer nuestras propuestas, para exigir que cambie lo que está mal y para influir, porque creo que tenemos derecho y en mi opinión incluso algunos tendremos la obligación de hacerlo.
